2 abr 2020

Tests, tests, tests!

 Tests, tests, tests!

A falta de una vacuna efectiva, el único procedimiento eficaz para detener el contagio del COVID-19 es el aislamiento (ver link). Sin embargo, el aislamiento por confinamiento nos impide trabajar normalmente y cada semana adicional de confinamiento resta 0.5 puntos de PIB sobre la caída adicional de entre el 4% y 7% según este estudio de la Universidad de Valencia. Por tanto, si el aislamiento se prolonga o se producen nuevos rebrotes (como parece estar sucediendo en China, ver link), el colapso no será solo sanitario, sino también económico.

Nos enfrentamos a un problema de identificación: no sabemos quién está infectado, y por tanto, lo más sensato es confinar a toda la población. Por ejemplo, el sarampión o la viruela son enfermedades entre 10 y 20 veces más contagiosas que el coronavirus, en cambio son más fácilmente identificables por sus síntomas tempranos. Si pudiéramos identificar correctamente a los contagiados, podríamos aislar solo a una parte de la población. Esta medida sería igualmente efectiva, pero acarrearía menos costes económicos.

El nobel de economía Paul Romer lo demuestra aquí y aquí con un sencillo modelo.  Los escenarios de cuarentena total y selectiva (incluso con tests aleatorios) son igualmente eficaces, es decir ambos reducen los contagios. En cambio, si nos fijamos en  la cuarenta selectiva basada en tests (primera imagen), vemos que es una medida mucho más eficiente, al aislar a un porcentaje de la población menor que durante una cuarentena total (segunda imagen). Varios investigadores han llegado a la misma conclusión (aquí y aquí y aquí).

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Realizar tests aleatorios tiene una segunda ventaja: reducir el sesgo por selección muestral. Si realizamos tests solo a las personas que presentan síntomas o determinados grupos de población podemos extraer conclusiones sobre el comportamiento de la enfermedad. Las figuras enfrentan los casos positivos por franjas de edad en países con tests masivos y países con tests sintomáticos (Korea vs Italia e Islandia vs Holanda). Fijándonos solo en los casos italianos u holandeses, podríamos concluir-erróneamente- que hay una incidencia mayor en las personas de más edad. Cuando en realidad, la tasa de contagio es mayor entre las personas jóvenes (pero sin síntomas). Seguramente por su alto grado de socialización, como los políticos o personal sanitario.

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Las pocas evidencias empíricas hasta la fecha sugieren que los tests masivos y aleatorios contienen la enfermedad sin dañar tanto la economía (ver el panorama global aquí;  el caso de Korea aquí e Islandia aquí). Numerosos países como Alemania, Sudráfica, o Noruega  ya han anunciado que realizarán tests masivos a toda la población. El plan de Alemania incluye una especie de ITV para dispensar certificados para poder trabajar (y comprobar la inmunidad frente al virus con un RTC).

La pregunta que nos llevamos haciendo algunos desde hace tiempo (más concretamente desde 17 de marzo) es si alguna de las partidas del plan de choque del gobierno incluye tests para toda la población en edad de trabajar. De momento, España no está entre los países que han adoptado una estrategia decidida de tests masivos.

Dado los problemas de abastecimiento y de oferta mundial, puede que realizar tests masivos a gran escala no sea factible en el corto plazo. Sin embargo, si la situación se prolonga en el tiempo, puede que nos encontremos ante el dilema entre salvar la economía o salvar vidas. Habrá que pensar entoces en medidas que compatibilicen la salud y la economía. Por ejemplo, cuarentena forzosa para para los colectivos más vulnerables (mayores de 65) y grandes transmisores (estudiantes), pero flexible para la población en edad de trabajar. Compatibilizar el teletrabajo con medidas como la alternancia en los días de trabajo presenciales (como con las matriculas pares e impares de los vehículos)  o sistemas de geolocalización móvil que permitan coordinar una vuelta a la actividad compatible con la salud. Medidas que nos permitan pasar de un aislamiento por cuarentena del siglo XV (ver link) a una aislamiento teconológico más propio siglo XXI.

Hasta la fecha se han adoptado medidas eficaces para contener la enfermedad, aminorar la congestión sanitaria y reducir los efectos económicos, sobre todo a los más vulnerables. En algún momento habrá que pensar también en medidas eficientes.

25 mar 2020

Globalización en cuarentena

https://nadaesgratis.es/admin/globalizacion-en-cuarentena

Texto: Jordi Paniagua

Ilustración: Carlos Sánchez Aranda

¿Debería restringirse masivamente el tránsito de mercancías, personas y capital? ¿Estamos dando el primer paso hacia el ocaso de una forma de globalización exagerada e insostenible? Estas son las preguntas que muchos economistas internacionales nos estamos haciendo ahora mismo, verbalizadas por el economista Joachim Voth aquí.

La respuesta no es fácil, hay un intenso debate en la profesión sobre el efecto del Coronavirus en el comercio y viceversa, así como el rol y el futuro de la globalización ante pandemias globales. Veamos lo que sabemos y, sobre todo, lo que nos falta por saber.

Leyendo a Tintín, muchos de nosotros aprendimos que la propagación de enfermedades contagiosas ha seguido las rutas comerciales. Entre viñetas, descubrimos que la cuarentena no es un cumpleaños y mucho menos una fiesta. Nos lo explicó el capitán Haddock: “Cuarentena significa mantenerse aislado durante cierto tiempo, para evitar el contagio”. Tintín encierra un mundo en sí mismo y Hergé nos llevó a vivir aventuras imposibles en lugares remotos y con multitud de personajes variopintos. Entre ellos yo destacaría hoy al doctor Simón, un médico del laboratorio de la policía, cuya incapacidad para descubrir el antídoto contra el letargo inducido por las bolas de cristal, la interpretan los tintinólogos como un signo de torpeza profesional (aquí y aquí).

Volviendo al tema que nos ocupa, los patrones espaciales y sectoriales de propagación de las enfermedades infecciosas son similares a los del comercio. Durante la primera gran epidemia que asoló Europa (1346-51), fueron precisamente los mercaderes los principales portadores y transmisores de la peste negra. La peste siguió las rutas comerciales de la época, como nos muestran los historiadores económicos (aquí y aquí) y nos confirma este reciente estudio que rastrea el ADN antiguo del comercio en pieles durante el siglo XIV.

El último brote de peste bubónica se introdujo España a bordo de un navío procedente de Argel atracado en el puerto de Valencia en el verano de 1647. Las autoridades tardaron en reaccionar e intentaron ocultar la naturaleza de las muertes que asolaban la ciudad. Las crónicas locales relatan que la peste había sumido la ciudad en el caos a finales del 1648 y se esparció por la península siguiendo las rutas comerciales del corredor mediterráneo (ver figura y link y link).

Casi un siglo más tarde, el Gran San Antonio, navío cargado con telas para una feria textil en Marsella, fue el origen del último episodio de peste en Europa en la primavera del 1720, cuando se le permitió desembarcar en contra del protocolo establecido entonces. Afortunadamente, las autoridades francesas habían aprendido la lección, el Consejo de Estado unificó todas las regulaciones locales y se levantó el Mur de la Peste, confinando a toda la población de la Provenza hasta que se erradicó la enfermedad, y con ella, un tercio de la población de Marsella. (link).

Sabemos que las relaciones e infraestructuras de transporte y comerciales son muy persistentes en el tiempo. Tanto que, utilizando los brotes de peste negra como instrumento de identificación, Flückiger y colaboradores aquí encuentran evidencias que sugieren que las rutas y relaciones comerciales del imperio romano persisten hasta nuestros días. Por tanto, es de esperar que el patrón de contagio entre países siga las vías comerciales. Por ejemplo, los primeros casos de Coronavirus en la provincia de Alicante y Barcelona fueron trabajadores y empresarios del calzado que acudieron a una feria en Milán (link y link).

Como hace siglos, algunos acusan al mensajero, se habla de “virus chino” y se refuerzan las posturas de aquellos que miran con recelo la migración, el comercio y la inversión extranjera. Existen pocas voces disonantes dentro de la profesión económica sobre las bondades de la integración económica. Por dos motivos: primero, disponemos de las teorías y modelos más sólidos en economía (ventaja comparativa y modelos de gravedad) avalados por una amplia evidencia empírica, y segundo, para no dar pábulo a aquellos que propugnan una vuelta a las cavernas. Incluso ahora, el debate acerca del rol de la globalización se encuentra en cuarentena, en parte, para evitar que los más heterodoxos aprovechen el estado de alarma para imponer una agenda sin el rigor científico necesarios (p.e. proteccionistas, libertarios y econópatas varios). No obstante, la mayoría de economistas (al menos los de modelos y regresiones) siempre hemos sido conscientes que la globalización viene acompañada de ciertos costes y fallos. Los más críticos de entre nosotros argumentaban que rara vez se llega a compensar a los “perdedores”, o al menos no lo suficiente.

Nota para economistas académicos: es plausible que estas razones expliquen por qué la economía internacional aplicada es menos diversa en modelos y métodos que otros campos de la economía. Primero, porque funcionan bien. Segundo, porque no nos aventuramos hacia territorios desconocidos. Fin de la nota.

Algunos economistas, como Dani Rodrik, ya han respondido sugiriendo una globalización más “delgada” (aquí). No debería sorprender a nadie que haya seguido sus argumentos críticos con el devenir de la globalización (resumidos en su último libro “Staright talk on trade”). Su argumento central es que la globalización ha ido demasiado lejos y de manera incontrolada, poniendo en riesgo el bienestar económico y social. Parece relevante, por ejemplo, recuperar el debate acerca del papel de los organismos supranacionales (como la OMS), multilaterales (como la OMC) y los estados. Aunque el pasaje que me resulta más interesante es su reflexión sobre que la democracia sin respeto a la ley es la tiranía de la mayoría, però això avui no toca.

El presidente de la cámara de comercio de la EU en China ha sido más tajante: "Se ha acabado la globalización consistente en localizar todo donde la producción sea más eficiente" (link). Se refería el Sr. Wuttke a la concentración geográfica de la producción de ciertos medicamentos, que podría poner en riesgo el suministro mundial. El último laboratorio que producía penicilina en EEUU cerró en 2004, quejándose de que no podía competir con las subvenciones del gobierno chino a sus laboratorios. Hoy, el suministro de antibióticos puede estar en jaque dado que la mayor parte de la producción proviene de un clúster en la China interior, azotada por Coronavirus.

La seguridad en el suministro de alimentos también encuentra críticas y preocupaciones similares. Países como Singapur, que importan la mayor parte de los productos alimentarios, han virado su estrategia comercial, incentivando la producción agrícola y el consumo local (aquí).

Otros, sin embargo, subrayan que precisamente son las barreras al comercio las que pueden agravar la crisis médica (aquí y aquí). La extravagante política arancelaria de la administración Trump gravando productos sanitarios chinos, no ha hecho más que agravar la crisis de suministro de material sanitario. El 10 de marzo la administración americana dejó sin efecto estos aranceles para hacer frente a la pandemia. En España hemos visto recientemente como las barreras no arancelarias (burocracia) han impedido la importación exprés de mascarillas de China.

Sanidad y globalización han ido siempre de la mano, como pone de manifiesto el ejemplo del jabón, que se inventó hace 5.000 años en Egipto. Pero fue gracias a la revolución industrial y al comercio internacional que se pudo producir y distribuir en masa, permitiendo la erradicación de muchas enfermedades y partos más seguros. Hoy, muchos de los servicios sanitarios los disfrutamos, en parte, gracias al comercio de medicamentos y tecnología sanitaria. Pero también gracias a la inmigración de profesionales sanitarios.

En términos más generales, la participación en redes comerciales o cadenas de valor ha permitido un desarrollo económico y la creación (y en menor medida también destrucción) de miles de puestos de trabajo en muchos países, incluyendo España. Es difícil aventurar cuál será el impacto, pero muchos de estos puestos de trabajo están en peligro (sin que por eso reviertan a sus países de origen). Baldwin y Tomiura interpretan aquí que el Coronavirus podría tener un efecto aún mayor que la crisis financiera en el comercio, por tres motivos: 1) afecta a la factoría del mundo, 2) se contagia a las cadenas de valor, 3) e impacta en la demanda. Además, la paralización de eslabones clave en la cadena de valor globales, puede llevar a ralentizar o frenar la producción.

Por tanto, ¿debería restringirse masivamente el flujo de bienes, personas y capital? Aumentar las barreras a la movilidad personal puede resultar necesario para paliar las pandemias a corto plazo. Sin embargo, tendría un coste demasiado elevado a largo plazo, incluso para combatir pandemias futuras. Una alternativa más eficiente sería, por ejemplo, intensificar el uso de tecnología que minimice aquellas actividades comerciales que impliquen un contacto directo personal. Hay evidencias que muestran como las impresoras 3-D o la robotización están ya modificando la composición del comercio internacional (aquí y aquí).

¿Estamos ante el ocaso de la globalización? Como probablemente suceda con muchos de nuestros hábitos y relaciones, no es descabellado pensar que la peor versión del coronavirus cambie la manera de entender, gestionar y estudiar la globalización y sus efectos. En definitiva, la globalización refleja cómo se organiza la actividad económica internacional, sujeta a las normas existentes. Si las interacciones sociales y económicas cambian, es inevitable que veamos mutar la globalización y que se tengan que adaptar normas a esta nueva realidad. Puede representar una oportunidad para reforzar la versión de la globalización que nos proporciona bienestar y salud, pero también para abordar cuestiones que habíamos soslayado hasta ahora. Yo aún diría más, soslayos que habíamos cuestionado hasta ahora.

20 mar 2020

Educación a distancia: reflexiones para profesores y alumnos

 Educación a distancia: reflexiones para profesores y alumnos

 Breves reflexiones personales para profesores y alumnos basadas en mi expierencia como alumno y profesor a distancia.

Por Jordi Paniagua

En el verano del año 2000, recién acabada la carrera tenía un dilema: presentarme a filas (hasta el año 2001 el servicio militar era obligatorio en España para todos los varones) o presentarme en la empresa americana que me quería contratar en Alemania. No hubo mucho qué pensar ya que ante la perspectiva de estar pelando patatas o contando sellos durante nueve meses o investigando la entonces nueva red móvil 3G que permitía transmitir ficheros y utilizar todo lo que aprendí durante cinco años en la escuela de ingenieros, me decanté por lo último. Como tengo cierta aversión al riesgo y no quería tener problemas administrativos con alguien con un fusil, mi padre me recomendó que me matriculara por la UNED y pidiera otra prórroga, porque la mili no iba a durar mucho más. Y así empezó mi relación con la educación a distancia que ha llegado hasta hoy, primero como alumno y luego como tutor en el centro asociado Tomás y Valiente de Alzira-Valencia.

Con la arrogancia del ingeniero (me estoy quitando) me matriculé de tres asignaturas de una carrera que por entonces me parecía un entretenimiento: economía. Por entonces mi familia era de sentarse a comer delante del telediario y siempre me maravillaba cuando los economistas hablaban en clave PIB como de un primo lejano. Como los años pasan rápidos y el tiempo lento, llegó agosto sin haber abierto un libro. Hubo un tiempo en el que el calor del verano en el Mediterráneo tan solo se sofocaba con un libro. Mientras esperaba a que mi pareja de entonces-que curiosamente es la misma que la de ahora- volviera de trabajar, me refugiaba en el único sitio de la isla con aire acondicionado: la biblioteca. El primer libro que leí fue el de economía mundial, seguido por el de economía española. (El de matemáticas no lo abrí hasta el día del examen).

Cuando llegó la primera de semana de septiembre (en Alemania teníamos seis semanas de vacaciones entonces), me presenté a los exámenes por inercia. Llevaba toda mi vida examinándome y tampoco podía dejarlo de golpe.  Además, la UNED me permitía examinarme allá donde estuviera. Incluso una vez, me examiné durante un transbordo de un vuelo intercontinental, pero eso pertenece a otra historia. Más tarde vino el master y el doctorado y ahora estoy al otro lado de la trinchera y sigo haciendo exámenes, pero ahora escribo los enunciados también.

Ahora que los alumnos no pueden asistir a clase y todas las universidades se ha visto forzadas a parecerse a la UNED e impartir docencia a distancia, me gustaría compartir algunas reflexiones para los alumnos y profesores que se enfrentan por primera vez a la formación a distancia. Mi experiencia es sobre la docencia universitaria, pero en alguna medida también sería válida para otras etapas de la docencia.

Tengo que avisar que son unas reflexiones muy personales y no le tienen por qué servir a todo mundo. Tampoco pretenden ser exhaustivas. Si tenéis otras ideas o sugerencias podéis añadir comentarios aquí o en las redes sociales.

Reflexiones para los alumnos a distancia

  1. Estudiar a distancia es posible. No va ser fácil, sobre todo si hay que adaptarse de golpe, pero no es imposible. Hay muchos alumnos que han podido estudiar carreras a distancia compaginando trabajo, familia, amigos y demás actividades. Puede que tus circunstancias personales en el actual confinamiento te permitan disponer de más tiempo para el estudio, aprovéchalo.
  2. Mejor leer un manual que las diapositivas. Las diapositivas son un recurso docente, sin la explicación adecuada pueden confundir más que ayudar. Si tienes dudas sobre qué manual leer, consulta la guía docente o pregunta al profesor. Muchos manuales están disponibles on-line en la biblioteca. Si no has entrado nunca en la página web de tu biblioteca universitaria, sería un buen momento. Si puedes, compra el manual. Además de ser positivo para la economía, es una buena ocasión para empezar a tener tu propia biblioteca. Estás estudiando una carrera que tú escogiste, tener libros a tu disposición puede ser interesante si te vas a dedicar profesionalmente a esa carrera.
  3. Estudiar a distancia no es estudiar on-line. Estudiar de manera no presencial es justamente eso, no ir a clase y no tener un profesor delante de ti. Pero esto no significa que tengas que estudiar por internet. La primera fuente debe ser la bibliografía recomendada por el profesor en la guía docente. No te lleves sorpresas luego si has estudiado materiales equivocados.
  4. Utiliza los recursos on-line. Utiliza los recursos (apps, internet) que utilizas habitualmente con fines docentes. Seguramente tenéis un grupo de wasap de la clase. Utilízalo para compartir dudas, reflexiones sobre las asignaturas.
  5. Utiliza las tutorías. El equipo docente y los profesores están para ayudarte. Pero las tutorías sirven para resolver las dudas que no puedas resolver de otra manera. El equipo docente está para ayudarte a resolverlas. Pero intenta primero resolverlas por ti mismo. Piensa que, si todos acudís al profesor a la vez, podéis llegar a colapsar el sistema (como con los hospitales).

 

Reflexiones para los docentes a distancia

  1. Más vale un manual malo que unos apuntes buenos. Seguramente hace tiempo que habrás llegado a la misma conclusión que yo: no hay ningún manual perfecto. Hay temas que no están bien explicados, que se quedan cortos o que superan lo que se espera del alumno. El problema es que ya no puedes explicárselo al alumnado. Utiliza un manual de referencia y síguelo. Indica lo que tienen que leer y lo que no. Tanto el alumno como tu yo del futuro (cuando tengas que corregir) te lo agradecerán. Puede que te sean útil este reciente paper de Mankiw.
    1. Puede que muchos alumnos no tengan acceso al manual. En este caso, las editoriales nos están ayudando. Yo me puse en contacto con Mankiw y Perloff (los autores de los manuales que utilizo) y ambos me han autorizado a colgar en el aula virtual los temas que aún no he dado en clase. Me he puesto en contacto con la editorial (gracias Pearson) y los alumnos podrán acceder al manual sin problemas. Para los cursos introductorios, hay manuales de libre acceso como CORE.
  2. Las clases on-line no son clases. La clase on-line no es una clase en el aula. Podemos tener la tentación de pensar que todo sigue igual y que dando la clase on-line cubrimos el expediente. Al menos mi experiencia no es así y hay literatura al respecto (aquí y aquí). Las clases on-line no son un sustituto perfecto del aula presencial. Plantearlas de la misma manera es, a mi manera de entender, un error. No ya por la situación excepcional en la que muchos alumnos no se podrán conectar. La interacción no es la misma, no tenemos un feedback presencial. Mucho de lo que transmitimos en clase es un conocimiento tácito difícil de codificar. La mejor manera de plantear una clase on-line es ofrecer una guía de estudio, señalar lo que es importante y lo que no, atender dudas. En mi opinión tampoco debería prolongarse más de una hora.
  3. ¡Qué enseñen otros! ¿Cuáles son tus ventajas como docente? Seguramente hay otros profesores que explican mejor que tú. Es hora de aceptarlo. Yo por ejemplo a mis alumnos les recomiendo que vean las lecciones magistrales de Open Course Ware del MIT. Si tienes la suerte de que tu temario se solapa con alguna de las asignaturas disponibles, aprovecha la ventaja comparativa. Dedica tu tiempo a resolver dudas, responder mails, tutorías.
  4. Foro de dudas on-line. Las plataformas como Moodle permiten crear un foro de dudas. No te veas desbordado por responder a todas las dudas. Deja que los alumnos planteen y respondan dudas entre ellos. Eso, actúa como moderador cuando los veas necesario. En la UNED también suele haber un foro no moderado por el equipo docente para que los alumnos puedan tener un espacio de comunicación independiente. Yo personalmente, utilizo la participación (sensata) en el foro de dudas como parte de evaluación continua.
  5. Utiliza la evaluación continua. Por dos motivos, primero puede que se la única manera que tengamos de evaluar al estudiante. Recuerdo un problema de estadística que preguntaba: ¿Si hacemos un examen de nivel el primer de clase y luego nadie podría volver, sería adecuado utilizar esas notas como la nota final? Segundo, para incentivar a que los alumnos vayan trabajando. Piensa además que tu asignatura no es la única que tienen y en cierta manera vamos a “competir” por su atención con el resto de asignaturas. ¿Adivinas cuál dejarán si no envías tareas?
  6. Fomenta en trabajo en grupo. En la medida de lo posible asigna tareas que se puedan desarrollar en grupo (tres personas es lo ideal). Primero, fomentaras las habilidades de trabajo en grupo que están escritas y olvidadas en todas las guías docentes. Harás también que los alumnos tengan una motivación para colaborar. Además, el número de trabajos a corregir se divide por tres. Sí, además de nuestra actividad docente, seguimos haciendo otras cosas, como investigar o divulgar.
  7. Trabajos Fin de Grado/Master. A mis alumnos de TFG/TFM yo le he dado mi móvil. Es una opción personal y puede que tú no quieras hacerlo, es comprensible. Pero facilita que se puedan poner en contacto contigo más fácilmente.
  8. Tu trabajo es importante. Puede que nuestra asignatura no sea lo más importante ahora mismo. Puede que haya alumnos que lo estén pasando mal (o tú mismo). Tenlo en cuenta. Además de enseñar nuestra materia, puede que nuestros alumnos necesiten algo más que contenidos. No les defraudemos.

12 mar 2019

El sexenio, ¿de transferencia o de transformación?

 El sexenio, ¿de transferencia o de transformación?

El pasado viernes se celebraron en Madrid la XV Jornada sobre Docencia de Economía Aplicada organizada por ALDE. Además de las interesantes ponencias sobre como mejorar la docencia en nuestro ámbito de conocimiento pudimos asistir a la contraposición de dos modelos de universidad a través de la evaluación de la calidad del profesorado. Por una parte el modelo el español, presentado por el Presidente del Panel de Transferencia de la CNEAI, Salustiano Mato (qué explicó también el manido sexenio de transferencia) y por otra el modelo británico presentado por la directora de Learning and Teaching in Economics de la Universidad de Sheffield Mª José Gil (qué desgranó el sistema REF/TEF/KEF: Research, Teaching, Knowledge Exelence Framework).

La primera diferencia entre ambos sistemas es que mientras la evaluación española es individual y mide los méritos personales de cada investigados, la evaluación británica es del departamento en su conjunto. Además el periodo británico es común a todas las universidades (actualmente es el 2014-2020). El sistema anglosajón tiene dos ventajas sobre el nuestro. Primero, es administrativamente más eficiente ya que reduce el número de expedientes a revisar y estos se revisan una vez cada seis años. Permite también una evaluación más detallada de cada caso y reduce la carga administrativa sobre los evaluadores. Segundo, presenta incentivos para que los departamentos se gestionen de manera autónoma y decidan las políticas de contratación más adecuadas para alcanzar los objetivos de excelencia en la investigación y docencia. Cada profesor tiene que presentar al menos una contribución relevante en el REF y si no lo hace ve peligrar su status como investigador. También reduce el riesgo de contratar a investigadores mediocres ya que la financiación del departamento (y de la universidad) depende de los resultados de la evaluación de la investigación de todo el grupo. El sistema británico establece un ránking público según el cual se otorgan fondos de investigación y las propias universidades lo tienen en cuenta a la hora de decidir sus propias inversiones.

En el actual sistema nominalista de evaluación de la actividad investigadora en España no proporciona incentivos en términos de excelencia selección de profesores investigadores. La producción científica de nuestros compañeros no redunda directamente en el beneficio del grupo. Tampoco fomenta la colaboración o la creación de grupos de excelencia. Además, el sistema aumenta la presión burocrática sobre el colectivo, una de las causas del mal rendimiento de la universidad como se ha venido denunciado repetidamente aquí o aquí). La comisiones y los expertos que emiten informes repiten cada años la misma labor para cada uno de los profesores individualmente. Llegados a este punto, uno se pregunta qué sentido tiene un sistema que carga a la universidad con burocracia sin ayudarla a progresar en excelencia.

La segunda diferencia reside en cómo evalúan ambos sistemas el impacto de la universidad en la sociedad. El nuevo sexenio de transferencia es un avance y pretende medir la contribución de la universidad en el incremento del bienestar social en términos generales.  Aquí pueden ver un informe detallado del modelo conceptual que ha impulsado la implantación del sexenio de transferencia. Un “molinillo del conocimiento” que haría feliz a Ortega y Gasset, ya que mide en definitiva la contribución social de la universidad que defendía en su escrito “Misión de la Universidad”.

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Sin embargo, utiliza como variable de medida del impacto social la implicación de cada profesor (permanente, porque los temporales y precarios lo tenemos vetado) en la transferencia y en la difusión de su propia investigación a la sociedad. Por tanto, redunda en la exagerada carga de burocracia. Este año se han presentado 16,992 solicitudes que se han recibido por el sexenio de transferencia que deberá resolver una comisión de 10 miembros y 120 expertos. Por otra, el sexenio de transferencia mide solo la implicación  personal del profesor en la trasferencia y no el valor extra-académico o social de lo transferido. En cambio, la evaluación del sistema británico evalúa el impacto social de la investigación del departamento independientemente del esfuerzo individual en su difusión (un 25% de la nota final). Miden cosas como el impacto de los artículos de investigación en el diseño de las políticas económicas por ejemplo (mediante citas en documentos oficiales, discursos de los policy-makers etc).

Por ilustrar la diferencia con un ejemplo (que pregunté durante la sesión). Al premio Nobel William Nordhaus no se le hubiera concedido un sexenio de transferencia si se hubiera limitado a escribir los papers que han cambiado la manera que tenemos de enfrentarnos al cambio climático y reducir las emisiones. Que el protocolo de Kioto y sucesivas rondas hayan adaptado los mercados de emisión de CO2 basándonos en sus artículos no demuestran suficiente transmisión de conocimiento ni impacto en la sociedad por parte del Nobel norteamericano. En cambio si tuviera cuenta activa en Twitter o hubiera dado una rueda de prensa en vez de acudir a puntual a su clase (como explican sus alumnos aquí ) posiblemente sí que hubiera obtenido una evaluación positiva.

Afortunadamente el sexenio de transferencia se encuentra en fase de calibración y se podrá ajustar para poder medir con más precisión aquello que Ortega llamaba la transmisión de la cultura, que junto con la formación e investigación conforman las tres misiones de la universidad. Actualmente, el sexenio tiene un error de medida al utilizar la variable transferencia social como instrumento de la transformación social. El sistema británico ha proporcionado resultados evidentes y positivos y podría servir de guía en su mejora. Por tanto, puede que una buena calibración para el sexenio de transferencia sería precisamente la máxima lapidaria de Unamuno en su discusión con Ortega sobre la europeización de España: ¡Que inventen ellos!

 

8 mar 2019

Crisis financieras e inversión extranjera: un análisis de fusiones y adquisiciones

 Crisis financieras e inversión extranjera: un análisis de fusiones y adquisiciones (FUNCAS Blog)

La disminución de la inversión extranjera directa mundial (IED) tras la Gran Recesión ha preocupado enormemente a analistas y políticos. Tan solo en 2008, la inversión realizada en fusiones y adquisiciones (FyA) se redujo un 29% (UNCTAD, 2009). Para el caso de España, la disminución en el volumen de FyA fue incluso mayor. En este  contexto, analizar en profundidad la incidencia de las crisis financieras en las actividades de las empresas multinacionales (EMN) es especialmente relevante para España y el resto de las economías afectadas. La literatura ha identificado la caída de la demanda y la restricción de acceso al crédito como los principales mecanismos a través de los cuales una crisis financiera puede afectar a la IED. Sin embargo, los trabajos existentes son todavía escasos, sobre todo para el caso de España.

En este artículo cuantificamos el impacto que las crisis financieras en general, y la Gran Recesión en particular, han tenido sobre la inversión en FyAs a nivel mundial y en España.

El análisis empírico realizado pone de manifiesto cómo las crisis bancarias que han tenido lugar entre 1990 y 2011 han limitado las FyA por vía del acceso al crédito. En términos medios, una crisis bancaria tanto en origen como en destino puede implicar una caída en el número de proyectos y volumen de inversión de un 14% y 25% respectivamente. Luego, cuando la crisis solo afecta al país de origen la caída en ambos márgenes está en torno al 26% y 35%. Para el caso español hallamos una mayor sensibilidad a las crisis bancarias en origen. Nuestros resultados señalan que si un país sufre una crisis bancaría, a nivel mundial la caída esperada de los flujos de capitales debido a FyA hacía otro país puede estar en torno al 34%. En el caso de España el impacto es mayor, un país afectado por una crisis bancaria puede llegar a reducir su inversión en España hasta en un 66%.

«El acceso al crédito tiene un papel central a la hora de determinar las FyA. En este sentido, las restricciones al acceso al crédito como las sufridas durante la Gran Recesión pueden hundir el margen extensivo e intensivo de FyAs hasta en un 28% y 40% respectivamente».

Para el caso de la Gran Recesión, hallamos un impacto a nivel mundial ligeramente superior al calculado para todas las crisis sucedidas entre 1990 y 2011. Cuando tanto el país inversor como el receptor fueron afectados por la Gran Recesión, la vía de la restricción del crédito implicó una caída del 17% del margen extensivo y un 31% del margen intensivo, estando en 3 y 6 puntos porcentuales por encima de la media calculada para las crisis bancarias sucedidas entre 1990 y 2011. Luego, también hallamos que aquellos países que fueron afectados por la Gran Recesión redujeron su número de FyA en países no afectados por la crisis en un 28%, y su volumen de inversión en un 40%. Ambos efectos son respectivamente 2 y 5 puntos porcentuales mayores a los calculados para el periodo 1990-2011. Por otro lado, en el caso de España los resultados hallados para la Gran Recesión son idénticos a los hallados para el impacto medio de las crisis bancarias que han tenido lugar entre 1990 y 2011.

En suma, de este trabajo se desprenden tres conclusiones generales. En primer lugar, se describe el impacto heterogéneo que las crisis económicas han tenido sobre la IED en España. En segundo lugar, se confirma que el acceso al crédito tiene un papel central a la hora de determinar las FyA. En este sentido, las restricciones al acceso al crédito como las sufridas durante la Gran Recesión pueden hundir el margen extensivo e intensivo de FyAs hasta en un 28% y 40% respectivamente. En tercer lugar, en lo que se refiere a los flujos de inversión, para el caso de España el impacto de las crisis bancarias y la Gran Recesión han sido superiores a la media mundial. De este modo, el trabajo contribuye a entender mejor los mecanismos y efectos de las crisis financieras en el sector exterior de la economía española, y pone en relieve la necesidad de diseñar e impulsar políticas económicas destinadas a reducir los efectos adversos de las restricciones en el acceso al crédito en la economía.

Más información en el artículo “Crisis financieras e inversión extranjera: un análisis de fusiones y adquisiciones”, publicado en el número 158 de Papeles de Economía Española.

27 nov 2018

Brexit: Antecedentes, consecuencias y paradojas

 Brexit: Antecedentes, consecuencias y paradojas 

“Es un día absolutamente hermoso. El lago es muy azul, las colinas parecen una postal, y las únicas manchas en el paisaje son las preferencias británicas sobre las que paso la mayor parte de la noche soñando…un gran número del gabinete británico no derramarían lágrimas si la negociación se rompiera por completo”

Seguramente al leer estas palabras, pensemos que las ha expresado algún burócrata de Bruselas durante las negociaciones del Brexit. En cambio se atribuyen al negociador estadounidense en las negociaciones del GATT el el 30 septiembre de 1947.

A principios de año publiqué este artículo sobre los antecedentes del  Brexit y las posibles consecuencias para España. En una serie de entradas voy a resumir los argumentos que se exponían y actualizarlos al paso de de actualidad. Empecemos por los antecedentes.

Podríamos acotar el primer antecedentes del Brexit en uno de los hitos en que conformarían la economía de finales del siglo XX y principios del XX: La firma del GATT (hoy OMC)  como recordábamos en este post. El GATT impuso la política de la “nación más favorecida” (NMF). A partir de entonces cualquier privilegio concedido a un país tendría que ser concedido inmediata e incondicionalmente a todas las partes contratantes del GATT. El principio de la NMF  ha resultado fundamental en el impulso del comercio internacional.

En su último libro, Straight talk on trade, el economista Dani Rodrik, defiende que concepto de la NMF es uno de los pocas políticas económicas que han cambiado (para mejor) la estructura económica de los países (junto con el impuesto a la renta, las pensiones, el seguro de depósitos bancarios, los requisitos laborales para los beneficiarios de la asistencia social, las transferencias condicionales, la independencia del banco central y comercio de cuotas de contaminación).

Sin embargo, las crónicas del proceso negociador del GATT (ver este post) revelan como el concepto de NMF, que acabó favoreciendo a todos lo miembros e impulsando en comercio más “justo”, creó una brecha entre los dos principales negociadores británicos y estadounidenses. Precisamente por la posición del Reino Unido en contra del principio de la “nación más favorecida” (NMF), que defendían los estadounidenses, que acabarían imponiéndose.

Si las negociaciones sobre la salida del Reino Unido nos parecen arduas, las del GATT no fueron menos. Según la nota de prensa de las Naciones Unidas 1947 las negociaciones para llegar al acuerdo fue intensa y rápida (sobre todo si la comparamos con los plazos actuales para la firma de acuerdos de integración o desintegación como el Brexit): “La conclusión de tantas negociaciones simultáneas y de tan amplio alcance en poco más de seis meses es en sí toda una proeza”.

Los negociadores de Estados Unidos, y del Reino Unido, mantenían un profundo desacuerdo sobre el nivel de ambición que debían alcanzar las negociaciones del GATT. De hecho, según las crónicas sobre como se fraguó el acuerdo (disponibles aquí) señalan que los americanos amenazaron con abandonar las negociaciones.

¿Qué pasó, entonces? ¿Cómo lograron superar esas profundas diferencias? Tres hechos: primero unas pequeñas concesiones a los británicos que se superaron años más tarde. Segundo, el Plan Marshall por el que los EEUU se comprometían a ayudar en la reconstrucción de Europa. Y por último: el temor a que URSS se beneficiara de la división entre socios.

Los argumentos del RU en su oposición al NFM hace 70 años resuenan hoy en las posturas del los defensores del Brexit: la pérdida discrecional para imponer un arancel como protección a la industria doméstica. Pero en cambio, las soluciones también: concesiones, programas de gasto y pragmatismo.

Si el primer antecedente del Brexit es su tradicional oposición a la integración económica, el segundo lo podríamos cercar en su desconfianza particular en torno a la Unión Europea, con un un punto de inflexión el 16 septiembre de 1992. En ese  “miércoles negro” el Reino Unido abandonó el recientemente creado Sistema Monetario Europeo. Tras la reunificación alemana, Bundesbank aumentando los tipos de interés cerca del 10%, muy por encima de los tipos de interés oficiales del Banco de Inglaterra por lo que la libra acabó depreciándose un 10% con respecto al marco. La factura estimada se cifra entre 4.000 y 6.000 millones de euros para las cuentas de los bancos centrales, frustrando cualquier intento de una mayor integración financiera del Reino Unido con Europa.

Estos episodios históricos contribuyen a entender las causas económicas del escepticismo británico respecto a la Unión Europea. Pero como no todo es historia económica, desde la ciencia política se apuntan otros factores decisivos: un análisis coste-beneficio, el nacionalismo y la información suministrada a los electores (ver este enlace).   Por ejemplo, hay encuestas (por ejemplo esta) que señalan una mayor proporción de apoyo al Brexit entre los votantes que han experimentado una competencia directa de empresas o productos chinos.  Es decir, el que el Brexit se enmarcaría la ola de reacciones paradójicas a la globalización, de la que hablaremos en la siguiente entrada.

 

17 nov 2018

El desgobierno de la globalización: el caso de las energías renovables

El desgobierno de la globalización: el caso de las energías renovables

 Tres efemérides recientes han marcado los pasos de la globalización. Por orden de antigüedad: Hace setenta y un años, el 30 de octubre de 1947, 23 países firmaron el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), que posteriormente mutaría a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Once años más tarde (hace 60 años), el 10 de junio de 1958, 10 países firmaban en Nueva York la Convención sobre el Reconocimiento y la Ejecución de las Sentencias Arbitrales Extranjeras (la Convención de NY). Ocho años después, el 17 de diciembre de 1966, la Naciones Unidas constituían la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (UNCITRAL).

En apenas 20 años se asentaron las bases del gobernanza de la golabalización con tres principios fundamentales: El GATT impulsó NMF o nación más favorecida, según cualquier privilegio concedido a un país tendría que ser concedido inmediata e incondicionalmente a todas las partes contratantes del GATT. La Convención de NY el arbitraje internacional, que dota de seguridad jurídica en la transacciones internacionales. Por último, UNCITRAL promovió la harmonización del derecho mercantil internacional.

Con ocasión de estas efemérides (y particularmente la del GATT), Funcas ha editado un libro sobre el gobierno de la globalización (disponible aquí). El libro aborda el impacto de la gobernanza de la globalización en el comercio (por ejemplo el impacto del GATT en el comercio internacional o la proliferación y profundización de los acuerdos de comercio preferenciales) y su impacto en España (por ejemplo sobre la posición de España en el GATT-OMC o el milagro exportador en España).

Mi contribución al monográfico trata sobre el segundo apesto de la gobernanza de la globalización: el arbitraje internacional (una de mis líneas de investigación de la que ya hablé aquí). El arbitraje internacional una de las vías por las cuales los inversores o exportadores pueden dirimir sus disputas comerciales. El arbitraje internacional dota de seguridad jurídica a los inversores y por tanto favorece tanto el comercio como la inversión extranjera.

El arbitraje empresa-Estado funciona de la siguiente; si un inversor extranjero
considera que el Estado firmante de la Conveción de NY (como España) ha lesionado sus intereses al infringir algún tratado internacional puede recurrir a una corte arbitral internacional para reclamar daños. La sentencia es final sin posibilidad de recurso ordinario.

El arbitraje internacional aumenta  seguridad jurídica al no depender del sistema legal doméstico. Por ello, aporta flexibilidad y seguridad frente a un proceso judicial ante una corte extranjera y cauteriza a los inversores de posibles sesgos en las decisiones judiciales domésticas.

Por tanto el arbitraje es uno de los pilares fundamentales de la gobernanza de la globalización. Hasta aquí todo bien. Hasta que el desgobierno local se tropieza con el gobierno global. Un aumento de las denuncias arbitrales es precisamente una señal de desgobierno y de inseguridad jurídica, especialmente cuando se pierden las disputas. Como señalan Allee y Peinhardt (2011), una escalada de casos arbitrales es una contingencia en la credibilidad de un país como destino fiable para la inversión extranjera.

¿Adivinan quién es el país que lidera el ránking de denuncias en los tribunales de arbitraje internacional desde 2013? Seguramente han adivinado bien: España. Desde el año 2013, España, con más del 10 por 100 de los casos, encabeza la lista de casos de arbitraje, seguida de estados como Egipto, Croacia o Venezuela con un 3 por 100 de casos cada uno.Paniagua 2018

Los casos arbitrales contra España se centran en un único sector: las energías renovables. Según el laudo arbitral SCC 2015/063, (por el cual se condena al Reino de España) el Real Decreto Ley 9/2013, de 12 de julio, por el que se adoptan medidas urgentes para garantizar la estabilidad financiera del sistema eléctrico supuso un “cambio brusco y de sistema” en los recortes que se venían aplicando a las generosas primas fotovoltaicas dispuestas en Real Decreto Ley 661/2007.

Los árbitros entienden que se han violado acuerdos internacionales, como la Carta de la Energía, privando de un trato justo y equitativo a los inversores extranjeros. El Estado español se enfrenta, por tanto, a unas indemnizaciones millonarias, que podrían alcanzar entre 3.000 y 7.000 millones de euros. Naturalmente la prensa se ha hecho eco de este problema (aquí y aquí por ejemplo).

Al coste de las indemnizaciones se suma la factura de la contratación de abogados especializados para defender los intereses del Reino. Una de las particularidades del arbitraje es que las partes pueden elegir el derecho aplicable (common law o civil law). Supongo que hay pocos abogados del Estado en activo (265 de 636 están en excedencia) con las aptitudes necesarias para defendernos utilizando el derecho común (anglosajón). Es un caso flagrante de la ineficiencia en la selección de los cuerpos de élite del Estado denunciada ya con vehemencia aquí , aquí o aquí. No estamos seleccionando eficientemente en las oposiciones a los altos cuerpos del Estado y luego tenemos que pagar la factura: dos millones en este caso. Las oposiciones del siglo XIX no sirven para los casos del siglo XXI.

Por si las indemnizaciones y la factura sonrojarte a un bufete internacional no fuera poco, está el efecto de la contingencia en credibilidad. Esto es justamente lo que me propuse medir (disponible aquí). Las técnicas econométricas habituales en el campo de la economía internacional (la ecuación de gravedad), nos permite estimar con bastante precisión el efecto marginal en la inversión extranjera directa (IED) de los los casos de arbitraje contra España.

El impacto de los casos de arbitraje se traduce en un descenso de aproximadamente un 6% del volumen de la IED en España, en promedio. En cambio tal como explicamos en un trabajo anterior (Myburgh y Paniagua, 2016), el efecto del arbitraje internacional se canaliza a través del margen intensivo. Esto quiere decir que el efecto del cambio regulatorio en energías renovables ha afecto negativamente al volumen de la IED, pero no al número de inversores. Es decir, bajo la incertidumbre regulatoria, el inversor decide invertir un montante menor, pero sin renunciar a invertir.

Pero…¿y si renunciamos al arbitraje internacional? Es un tema recurrente entre los opositores a la globalización abogar por renunciar al arbitraje, siguiendo los Bolivia, Ecuador y Venezuela en los años 2007, 2010 y 2012 respectivamente. Si la contingencia en credibilidad por el aumento de casos es negativa, abandonar la Convención de NY es aun peor: los datos arrojan una reducción media del 95% en el volumen de los flujos de IED hacia estos países a raíz del abandono del arbitraje internacional. No parece una senda demasiado interesante.

A partir de aquí, ¿qué se puede hacer? A corto plazo, intentar que los casos acaben resolviéndose en los tribunales internacionales. Una alternativa sería la conciliación (promovida también por UNCITRAL). Por otra parte, sería sensato realizar un análisis coste-beneficio para sopesar si el ahorro en prima eléctrica para estos inversores compensa la pérdidas en credibilidad.

Por último ¿qué se puede esperar? Si se prosigue en cambios normativos “bruscos y de sistema”, como por ejemplo la prohibición de la matriculación de vehículos de combustión es previsible que se repita el proceso: una escalada de denuncias arbitrales y una contingencia en la credibilidad de España (además de una factura elevada).