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6 dic 2022

La UE explora DORA

 https://alde.es/blog/la-ue-explora-dora/

La Comisión Europea ha dado un giro en su política de evaluación científica firmando dos acuerdos que impulsan una nueva forma de evaluar la investigación. La Comisión Europea ha suscrito el acuerdo para reformar la evaluación de la investigación (Agreement on Reforming Research Assessment) impulsado por CoARA, una coalición de 350 organizaciones científicas que impulsan una reforma de la evaluación científica. También ha suscrito la Declaración de San Francisco de Evaluación de la Investigación (DORA), que establece unas recomendaciones para mejorar la evaluación científica.

DORA nace en 2012 con el objetivo general de reducir la dependencia del factor de impacto y las citas, y promover una cultura en la que se dé más “importancia al valor intrínseco de la investigación”. A través de la coalición CoARA, la UE recoge plasma esta filosofía en los principios que guían el acuerdo: calidad (originalidad, profesionalidad y resultados) e impacto (científico, tecnológico, económco y social).

A partir de ahora, la Comisión Europea se compromete a impulsar diez acciones en tres ámbitos (diversidad, calidad y evaluación) para incrementar la calidad y el impacto de la investigación Europa. En concreto, la Comisión fija tres compromisos para reformar la evaluación científica. Primero, implementar unos criterios de evaluación cualitativos mediante una revisión por pares, con un uso responsable de métricas. Segundo, reducir el peso de las métricas bibliométricas, en concreto el factor de impacto y índice h en la evaluación. Concretamente, se compromete a renunciar a recurrir exclusivamente a métricas de autoría (número de artículos, citas, proyectos) o de publicación (factor de impacto de la revista, idioma). Tercero, abandonar el uso de los rankings. Conviene señalar que estos acuerdos abarcan la evaluación individual de investigadores, así como los proyectos de investigación y los centros.

Aumentar el peso de la evaluación cualitativa en detrimento de la cuantitativa se justifica por tres motivos: i) las citas no siguen una distribución normal y por tanto el factor de impacto (una media) no es representativa de las citas de un artículo en concreto. ii) El factor de impacto de una revista es específica de cada campo. iii) Ciertas editoriales han encontrado la menara de inflar el factor de impacto. En cada campo existe un consenso de tácito de lo que se considera o no una aportación de calidad. Si se utilizan exclusivamente métricas basadas en el factor de impacto nos encontraríamos con la paradoja de acreditaciones a Catedrático con exclusivamente 12 ‘Sustanaibilites’, como ya expusimos aquí. El factor de impacto es una condición necesaria pero no suficiente para acreditar la calidad del artículo, es difícil determinar la calidad de un artículo individual con la media de todos los artículos publicados en la revista.

Los acuerdos son lo suficientemente imprecisos para entender que los criterios actuales se alinean con los principios de DORA. Por ejemplo, la ANECA ya realiza una revisión por pares (las comisiones) con unos criterios medianamente transparentes que van más allá uso exclusivo del factor de impacto. En especial el informe revistas Open Access (disponible aquí), la ANECA reconoce implícitamente los problemas con el uso del factor de impacto. No obstante, ante la falta de concreción en la transposición práctica de los acuerdos suscritos por la Comisión, resulta interesante reflexionar cómo pueden verse afectadas la política de evaluación científica en España.

En un país que actualiza los criterios de evaluación aproximadamente cada dos años no es descabellado, por tanto, suponer que la siguiente reforma de los criterios de acreditación de la ANECA vayan en línea con esta filosofía de evaluación. Ya se escuchan voces argumentando que estos acuerdos implicarán un cambio radical en el sistema de acreditación nacional; por ejemplo, con una acreditación institucional en vez de individual aquí, o eliminar el uso del factor de impacto aquí. Con estas reflexiones no pretendo dar argumentos en favor del actual sistema de acreditación (es un tema para otra entrada).

Sin embargo, virar el sistema acreditación hacia una valoración totalmente cualitativa (sin ninguna otra reforma adicional) acarrearía tres problemas. Primero, podría chocar con los principios de transparencia y objetividad de cualquier convocatoria pública. Segundo, dificultaría la valoración de contribuciones altamente especializadas que pueden caer fuera del alcance de la comisión encargada de la valoración.

Por último, daría más poder discrecional a las comisiones. Si la discrecionalidad no se ejerce para favorecer a ciertos candidatos, permite corregir los fallos comentados anteriormente. Sin embargo, el factor de impacto (o cualquier otra medida objetiva) proporciona ciertas garantías al evaluado frente al evaluador. La comisión de acreditación con una discrecionalidad total se parecería mucho a los antiguos tribunales de habilitación o los de las plazas actuales. Casi todas las quejas de nepotismo/endogamia surgen de tribunales de plazas donde no existen unos criterios cuantitativos. Casi ninguna de estos casos se hacen eco de decisiones discriminatorias de las comisiones de la ANECA. Se critican más o menos los criterios, pero raramente su aplicación.

En definitiva, una aproximación Marxista (Groucho) a la evaluación científica donde “si no le gustan mis criterios cuantitativos, tengo otros cualitativos” no está exenta de problemas.

7 oct 2021

Una cobra de acceso abierto en la ANECA

 

Las normas de acreditación y evaluación de la actividad investigadora del profesorado es uno de los temas más populares, controvertidos y recurrentes de este y otros blogs de la esfera académica.

Populares ya que la mayor parte de los lectores que se encuentran en la esfera académica y este baile de criterios afectan directamente a su carrera y promoción académica. Tan solo en el blog de ALDE hay más de 10 entradas sobre la ANECA.

Controvertidos por la cantidad de opiniones e intereses encubiertos y enfrentados en cada una de las disposiciones del ministerio a través de la ANECA. En especial el informe revistas Open Access (disponible aquí). A grandes rasgos, el informe hace una radiografía de la publicación en abierto y la particulariza para el caso español. El punto más controvertido del informe es el uso de una matriz enfrentando el número de ítems citables y la tasa de autocitas para categorizar las revistas con un comportamiento no estándar en las categorías JCR. El informe concluye que el factor de impacto no es garantía de calidad científica según los estándares habituales de la comunidad científica y acaba recomendado un escrutinio particular para los artículos publicados en esta nueva lista “no estándar”. Esta lista incluye revistas generalistas de reconocido prestigio como Nature, Cell, Science, o PNAS, del ámbito de la economía con Economics Letters pero también aquellas que bordean el límite de lo predatorio como el grupo MDPI. El informe bebe de un artículo científico (aquí) cuestionando las prácticas de MDPI. La editorial (aquí) y varios bibliometristras (aquí y aquí) se han ocupado de mantener viva la controversia en relación a varios supuestos fallos metodológicos del artículo.

Recurrentes: la ANECA se muestra exquisitamente prolífica al introducir cada dos o tres años nuevos tipos de sexenios (transferencia en 2019, de docencia en ¿2022?) y nuevos criterios de acreditación: noviembre 2017 y diciembre 2019. En octubre del 2021 nos vuelve a sorprender con unos nuevos principios y directrices de evaluación de la investigación. Pueden ver este artículo para una visión histórica anterior en los cambios de criterios en la evaluación científica en España.

Utilizando su mismo léxico es oportuno preguntarse qué explica el comportamiento no estándar de la ANECA en relación a otros organismos similares. Otras agencias como la catalana AQU, también actualizan sus criterios periódicamente. Pero la diferencia es que la AQU tiene unas ventanas fijas de evaluación y los criterios son los mismos en cada actualización (al menos en 2020 y  2021 en el ámbito de las ciencias sociales). Otros organismos de clasificación como la Academic Journal Guide, elaborada por la Association of Business Schools (ABS, RU) actualiza cada tres años sus listados (2018, 2021), pero siguiendo la misma metodología.

Una explicación plausible es el efecto cobra: medidas que en su momento parecieron sensatas (criterios transparentes y cuantitativos) y bienintencionadas (aumentar la calidad de la investigación), pero que han acabado teniendo el efecto contrario al deseado. El ejemplo de manual es el de la India cuando los oficiales británicos ofrecieron una rupia por cada cobra cazada para frenar una plaga. El resultado fue el contrario: aumentó el número de cobras se las criaba para cobrar una rupia.

A la ANECA se ha colado una cobra de acceso abierto en el sistema de evaluación. Veamos cómo particularizando en el cambio de criterios del 2017 en ámbito de la economía resumidos aquí. La ANECA, en un esfuerzo de transparencia y cuantificación, hizo públicos los criterios cuantitativos para la acreditación: una catedrática debe publicar 12 JCR con la siguiente distribución: 8 publicaciones de Nivel 1 (JCR (Q1 o Q2) o SJR (Q1)) y 4 de Nivel 2 (JCR (Q3) o SJR (Q2)). Los criterios del 2019 bailan un poco, pero siguen la misma filosofía (así como el de los sexenios).

¿Cómo responde el catedrático por acreditar? Dedica todo su esfuerzo a conseguir los 12 JCR. Y como los incentivos y el mercado funcionan, lo consigue de una manera (la tradicional) o de otra. Por ejemplo, mediante la publicación en revistas de acceso abierto mediante pago. Algunas de estos journals están bien posicionados según el factor de impacto, pero que ofrecen previo pago un sistema de revisión expeditiva con un alto índice de aceptación. Cualquiera que se haya enfrentado al sistema tradicional en economía sabe que es un proceso largo, tortuoso e incierto (ver este post). Algunas de esta revistas Open Access ofrecen un atajo hacia una publicación con un sello de calidad del JCR. Estas revistas cumplen con los requisitos formales que pide la ANECA (indexadas en JCR con un buen factor de impacto). Sin embargo, es muy difícil extraer señales de calidad adecuadas de los mismo solo con la medición del factor de impacto. Según el propio Beall (el precursor de la lista de revistas predatorias), estas revistas son un caso dudoso y fronterizo entre la publicación legítima y la predatoria (ver vídeo). Es decir, estar en el JCR es condición necesaria pero no suficiente para acreditar la calidad del artículo. No quiere esto decir que todo lo publicado allí sea basura, es simplemente más difícil de determinar la calidad de los artículos.

A la ANECA le han crecido las cobras y seguramente se habrá encontrado con una cohorte de catedráticos acreditados con 12 “Sustanabilities”. Que a su vez han podido financiar el pago mediante convocatorias públicas de proyectos del plan nacional de I+D, que tiene unos criterios formales de selección parecidos a los de la ANECA. El propio informe de la ANECA sobre el open Access y este post señalan que el número de artículos españoles en revistas Open Access del grupo MPDI o Frontiers es desproporcionado.

Por tanto, alguien parece haberse dado cuenta de que los criterios de la ANECA no han contribuido de menara decisiva al incremento y acreditación de la calidad científica en algunas disciplinas (el fin para el que fueron diseñados). En cambio, los criterios han propiciado más bien lo contrario: una inflación de artículos JCR (que no es lo mismo calidad científica) que dificulta la tarea de algunas comisiones a la hora de poder extraer señales de calidad ente tanto ruido. Por tanto, no se han cumplido completamente los objetivos de incrementar la calidad de la investigación española y discriminar calidad de la investigaciones.

Las buenas intenciones no bastan si no contamos con los incentivos adecuados y se evalúan los resultados. Para diseñar políticas eficaces que cumplan con sus objetivos debe primero, tener en cuentas los incentivo que proporcionan a los agentes implicados. Algunas agencias, como la AQU, parece que tuvieron esto incentivos presentes desde hace tiempo y dieron más flexibilidad a las comisiones, que pueden “ajustar los niveles de calidad que considere, en relación con la aportación de la persona solicitante, en el caso de los artículos científicos, más allá de la ubicación de la revista en un cuartil determinado, teniendo en cuenta varios elementos adicionales como: el número de citas (p.e. Google Scholar), el número de autores y el orden en la firma así como la inclusión de las revistas en otros índices de referencia, repertorios o listas especializadas de revistas”. (Criterios en la emisión de las acreditaciones de investigación 2020 – AQU).

Segundo, evaluar los resultados y corregir en caso de fallo. Afortunadamente, parece que la ANECA está en esto y rectifica el JCR-centrismo del que ya avisaban, entre otros, Ruiz-Pérez y coautores en 2010 aquí. No deja de ser curioso como este asunto se parece a su extremo opuesto: la tiranía del top-5 o top5itis denunciada por Heckman y Serrano. Estos reputados economistas proponen abandonar parcialmente el centrismo de las listas (ya sean la top5 o la JCR) y empezar a leer los papers de los profesores evaluados. En nuestro caso, esto implicaría dotar a las comisiones de la flexibilidad suficiente para que la norma no produzca efectos indeseados. 

12 mar 2019

El sexenio, ¿de transferencia o de transformación?

 El sexenio, ¿de transferencia o de transformación?

El pasado viernes se celebraron en Madrid la XV Jornada sobre Docencia de Economía Aplicada organizada por ALDE. Además de las interesantes ponencias sobre como mejorar la docencia en nuestro ámbito de conocimiento pudimos asistir a la contraposición de dos modelos de universidad a través de la evaluación de la calidad del profesorado. Por una parte el modelo el español, presentado por el Presidente del Panel de Transferencia de la CNEAI, Salustiano Mato (qué explicó también el manido sexenio de transferencia) y por otra el modelo británico presentado por la directora de Learning and Teaching in Economics de la Universidad de Sheffield Mª José Gil (qué desgranó el sistema REF/TEF/KEF: Research, Teaching, Knowledge Exelence Framework).

La primera diferencia entre ambos sistemas es que mientras la evaluación española es individual y mide los méritos personales de cada investigados, la evaluación británica es del departamento en su conjunto. Además el periodo británico es común a todas las universidades (actualmente es el 2014-2020). El sistema anglosajón tiene dos ventajas sobre el nuestro. Primero, es administrativamente más eficiente ya que reduce el número de expedientes a revisar y estos se revisan una vez cada seis años. Permite también una evaluación más detallada de cada caso y reduce la carga administrativa sobre los evaluadores. Segundo, presenta incentivos para que los departamentos se gestionen de manera autónoma y decidan las políticas de contratación más adecuadas para alcanzar los objetivos de excelencia en la investigación y docencia. Cada profesor tiene que presentar al menos una contribución relevante en el REF y si no lo hace ve peligrar su status como investigador. También reduce el riesgo de contratar a investigadores mediocres ya que la financiación del departamento (y de la universidad) depende de los resultados de la evaluación de la investigación de todo el grupo. El sistema británico establece un ránking público según el cual se otorgan fondos de investigación y las propias universidades lo tienen en cuenta a la hora de decidir sus propias inversiones.

En el actual sistema nominalista de evaluación de la actividad investigadora en España no proporciona incentivos en términos de excelencia selección de profesores investigadores. La producción científica de nuestros compañeros no redunda directamente en el beneficio del grupo. Tampoco fomenta la colaboración o la creación de grupos de excelencia. Además, el sistema aumenta la presión burocrática sobre el colectivo, una de las causas del mal rendimiento de la universidad como se ha venido denunciado repetidamente aquí o aquí). La comisiones y los expertos que emiten informes repiten cada años la misma labor para cada uno de los profesores individualmente. Llegados a este punto, uno se pregunta qué sentido tiene un sistema que carga a la universidad con burocracia sin ayudarla a progresar en excelencia.

La segunda diferencia reside en cómo evalúan ambos sistemas el impacto de la universidad en la sociedad. El nuevo sexenio de transferencia es un avance y pretende medir la contribución de la universidad en el incremento del bienestar social en términos generales.  Aquí pueden ver un informe detallado del modelo conceptual que ha impulsado la implantación del sexenio de transferencia. Un “molinillo del conocimiento” que haría feliz a Ortega y Gasset, ya que mide en definitiva la contribución social de la universidad que defendía en su escrito “Misión de la Universidad”.

molinillo

Sin embargo, utiliza como variable de medida del impacto social la implicación de cada profesor (permanente, porque los temporales y precarios lo tenemos vetado) en la transferencia y en la difusión de su propia investigación a la sociedad. Por tanto, redunda en la exagerada carga de burocracia. Este año se han presentado 16,992 solicitudes que se han recibido por el sexenio de transferencia que deberá resolver una comisión de 10 miembros y 120 expertos. Por otra, el sexenio de transferencia mide solo la implicación  personal del profesor en la trasferencia y no el valor extra-académico o social de lo transferido. En cambio, la evaluación del sistema británico evalúa el impacto social de la investigación del departamento independientemente del esfuerzo individual en su difusión (un 25% de la nota final). Miden cosas como el impacto de los artículos de investigación en el diseño de las políticas económicas por ejemplo (mediante citas en documentos oficiales, discursos de los policy-makers etc).

Por ilustrar la diferencia con un ejemplo (que pregunté durante la sesión). Al premio Nobel William Nordhaus no se le hubiera concedido un sexenio de transferencia si se hubiera limitado a escribir los papers que han cambiado la manera que tenemos de enfrentarnos al cambio climático y reducir las emisiones. Que el protocolo de Kioto y sucesivas rondas hayan adaptado los mercados de emisión de CO2 basándonos en sus artículos no demuestran suficiente transmisión de conocimiento ni impacto en la sociedad por parte del Nobel norteamericano. En cambio si tuviera cuenta activa en Twitter o hubiera dado una rueda de prensa en vez de acudir a puntual a su clase (como explican sus alumnos aquí ) posiblemente sí que hubiera obtenido una evaluación positiva.

Afortunadamente el sexenio de transferencia se encuentra en fase de calibración y se podrá ajustar para poder medir con más precisión aquello que Ortega llamaba la transmisión de la cultura, que junto con la formación e investigación conforman las tres misiones de la universidad. Actualmente, el sexenio tiene un error de medida al utilizar la variable transferencia social como instrumento de la transformación social. El sistema británico ha proporcionado resultados evidentes y positivos y podría servir de guía en su mejora. Por tanto, puede que una buena calibración para el sexenio de transferencia sería precisamente la máxima lapidaria de Unamuno en su discusión con Ortega sobre la europeización de España: ¡Que inventen ellos!

 

13 feb 2017

¿La ANECA acredita y la Universidad se cualifica?

 ¿La ANECA acredita y la Universidad se cualifica?

Unos de los temas más populares en este y otros blog de economistas académicos son precisamente los profesores universitarios y la universidad en general. Anteriormente hemos hablado sobre temas como la reforma de los grados universitarios o los sexenios. La reciente modificación de lo criterios para la acreditación del profesorado titular y catedrático merece también captar nuestra atención.

Podríamos interpretar el sistema de acreditación del profesorado como un vestigio nuestra tradición de derecho civil  según el cual un entidad pública (la ANECA) certifica la idoneidad de un candidato a profesor universitario. Para ello utiliza una serie de criterios, informes de evolución y comités que examinan la información aportada por el candidato a profesor. Es un hito importante en la carrera académica de cualquier profesor ya que la acreditación es la vía de acceso y promoción más habitual en la universidad española.

En los países anglosajones de derecho común no existe un accésit burocrático y la contratación se realiza de una manera parecida a la del sector privado conocido como tenure track. Se contrata un profesor de manera temporal tras una entrevista (normalmente impartiendo una clase o seminario). Pasado un tiempo (cinco años de media), una comisión académica determina si ha alcanzado el nivel necesario para incorporarse al claustro (normalmente por la calidad de las publicaciones). Este sistema sería el ideal si no fuera porque la realidad de nuestra universidad no es la ideal (como han puesto de manifiesto los recientes casos de plagio y endogamia). La acreditación de la ANECA es un primer filtro calidad ineficiente pero necesario. El día que no necesitemos la ANECA será una buena noticia, como se apunta aquí.

El nuevo sistema incluye novedades que van, a mi entender, en buena dirección. Sin embargo, si analizamos los incentivos que proporciona a los candidatos, plantea algunas dudas sobre si contribuirá a mejorar la calidad y competitividad universidad en un plazo razonable. La cuestión es, ¿qué universidad conformarán los doctorandos que se acrediten dentro 5 ó 10 años?

El sistema de acreditación es hoy por hoy un garante importante de la calidad de la enseñanza superior. Además del diseño institucional y recursos, calidad del profesorado  determina en buena medida la calidad de la enseñanza e investigación. El diseño del sistema de acceso y selección del profesorado influirá profundamente en la universidad. Por el lado positivo, los nuevos criterios priman el margen intensivo frente al extensivo. Se acabó la acumulación de micro-méritos, se reduce la burocracia y se premian méritos con mayúsculas.

Todo ello aumentado en algunos puntos la transparencia publicando explícitamente los criterios. En nuestro ámbito (la Economía) una catedrático notable debe publicar 12 JCR con la siguiente distribución: 8 publicaciones de Nivel 1 (JCR (Q1 o Q2) o SJR (Q1)) y 4 de Nivel 2 (JCR (Q3) o SJR (Q2)). Un titular excelente debe publicar “seis artículos en revistas indexadas en el Q1 JCR, o bien cuatro en el D1 del Journal Citation Reports (JCR).”

A continuación describe una serie de “Méritos complementarios”, de los que hay que aportar al menos cinco. (Ahora ya podemos escoger entre cuatro, cinco y seis). El documento detalla 14 méritos agrupados en áreas: Calidad y difusión, Calidad y número de proyectos competitivos, Movilidad y Otros méritos de investigación. El primer mérito complementario es “Publicación  de  artículos  en  revistas  del  JCR  o  Scimago  Journal  Rank  (SJR)  del  primer  decil  de acuerdo  con  el  índice  de  impacto  o  Eigenfactor  score  (de  1 a 3 meritos)”

Cómo ya ocurrió con los sexenios la ANECA acaba con el monopolio JCR (como ya dijimos aquí), incluyendo el índice SCOPUS. En este índice la inflación de revistas y categorías es mucho mayor que en JCR. Por ejemplo, en Business 1369 revistas y 306 Q1 y Economics 881 y 217 Q1. Es decir, en el índice SJR hay casi tantas Q1 como el total de revistas en JCR. Además, incluye muchas más categorías.

Como nota al margen, parece previsible que los criterios de los sexenios se alineen con los de la acreditación en el futuro. Para obtener un sexenio “basta” con que “cinco  aportaciones  sean  artículos  publicados  en  revistas  que  ocupen  posiciones relevantes” en JCR o SCOPUS. Podría darse el caso que un profesor con varios tramos de investigación reconocidos fuera calificado como mediocre (“B” o “C”) en la acreditación de su actividad investigadora.

Conviene también resaltar que la normativa añade al conocido factor de impacto (basado en el número de citas) el Eigenfactor (número de vistas). El Eigenfactor suele premiar a journals potentes,  generalistas y muy leídos por toda la comunidad científica, como Nature que es el primero de la lista. El factor de impacto criba de entre los lectores cuantos piensas que es la contribución es relevante.

Sin embargo, hay tres aspectos de la reforma que plantean ciertos interrogantes. En primer lugar, el sistema permite la acreditación a CVs con un déficit de investigación. En el anterior sistema era necesario obtener una puntuación mínima en cada apartado (investigación, docencia y gestión) para obtener la acreditación correspondiente. Por ejemplo un titular necesitaba 50 puntos en investigación según un baremo de publicaciones, proyectos etc. Quien no llegaba a un mínimo de 50 puntos no obtenía la acreditación, independientemente de la puntuación en las otras áreas.

Por el contrario, el nuevo sistema de acreditación establece una escala cualitativa ordinal para medir las áreas desempeño académico (investigación, docencia, transferencia, experiencia profesional y gestión académica): A excelente; B notable; C déficit compensable y D insuficiente. Obteniendo dos notables en investigación y docencia se obtiene la acreditación en las dos figuras (titular y catedrático). La ANECA solo ha publicado aquellos criterios habilitantes (por ejemplo una A en titular que habilita a Catedrático a aquellos que sean titulares o una B en cátedra), por lo que no podemos saber con exactitud que se considera un déficit compensable en investigación. Pero nos podemos hacer una idea al estar la C por debajo del nivel de exigencia del notable. A diferencia del anterior sistema, el modelo vigente permite compensar la mediocridad investigadora  con una excelencia profesional o en gestión.

El segundo problema es el sesgo disciplinar que introduce la normativa al considerar cualquier área incluida en listado JCR. Si publicar es de por sí complicado, en economía todavía más por las razones que ya apuntamos aquí. Pero incluso dentro de las ciencias económicas, la heterogeneidad en las distintas disciplinas es considerable. Ya no tanto por la mayor complejidad de unas frente a otras (que también), sino por el distinta oferta de revistas Q1 según áreas. Por ejemplo, si publicamos en Business (120 revistas en total y 30 Q1), Economics (334 y 86 Q1), Business & Finance (94 y 23 Q1), Management (280 y 70 Q1). Por establecer una línea divisoria: Economía tiene 86 Q1 frente a 123 Q1 de Empresa. Además, las revistas con con una doble indexación que “importan” citas de otras disciplinas subiendo el factor de impacto. Con lo cual, el sistema marca unos incentivos claros para publicar (o intentarlo al menos) áreas limítrofes con más oferta de  Q1. Estoy convencido que tenemos mucho que aportar y aprender de otras disciplinas. Lo que no tengo tan claro es si se tuvo en cuenta los efectos en la composición de la investigación universitaria.

La tercera cuestión es el proteccionismo académico que se destila del sistema de acceso al cuerpo de catedráticos. La normativa impone una barrera de entrada difícil de entender al exigir unos criterios distintos para los titulares funcionarios y para el resto. Mientras que el insider le basta con dos Bs, el outsider debe obtener previamente una A en investigación en la acreditación a titular (6xQ1).

Sin embargo, esta barrera tampoco parece ser una gran preocupación para las mejores universidades (públicas y privadas). Por ejemplo, las tres grandes escuelas de negocios de nuestro país se sitúan al margen de este sistema y apuestan directamente por contratar en el job market con un tenure track. En Catalunya, muchos departamentos iniciaron una apuesta similar con los fondos del ICREA y del GSE Research Endowment. Otras, como Deusto, Comillas y Ramon Llull apuestan por sistemas alternativos parecidos a los de Georgetown, Fordham y Boston College, con quien han han forjado un Campus de Excelencia Internacional.

Para la reflexión: Si llegara a haber un premio Nobel en Economía de nuestro país, ¿dónde creen se habría formado? Y en el caso más improbable que impartiera docencia en España ¿dónde lo haría?

 

16 abr 2015

Alien vs Predatory (journals)





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Texto: Jordi Paniagua. Imagen: Carlos Sánchez Aranda.
“Whoever wins… we lose” es el subtítulo de la película de ciencia ficción Alien vs Predator (2004). La cinta coge prestados los personajes del clásico de Ridley Scott Alien, el octavo pasajero (1979) y Predator (1987), protagonizada por el ex-gobernador de California Arnold Schwarzenegger, y nos presenta un futuro alternativo en la que la tierra es el escenario de una guerra (o más bien una caza) entre especies alienígenas. La especie humana es un convidado de piedra en descarnada batalla a muerte. Si ganan los aliens de Scott, nos acabarán cazando por instinto o hambre. Si salen victoriosos los predators de Schwarzenegger, les serviremos de cebo por diversión. En cualquier caso, tenemos todas las de perder.
En el mundo de las publicaciones académicas se está librando una batalla similar entre dos grupos de revistas. Por un lado están los “Predatory journals” (un término acuñado por el bibliotecario académico Jeffrey Beall). Al otro lado, las editoriales comerciales tradicionales (generalmente de pago por visión o suscripción).
Un Predatory journal es una revista de acceso abierto con prácticas cuestionables o poco éticas y sin un mínimo rigor académico. Son revistas con una revisión por pares deficiente cuyo objetivo dista mucho de la difusión del conocimiento académico.
La conocida como “lista de Beall” se ha convertido en una auténtica lista negra para editoriales y revistas independientes. Los criterios de inclusión son bastante transparentes, por ejemplo no revisar artículos, aceptar artículos deliberadamente falsos, enviar emails masivos, o mentir acerca de la ubicación o acerca de cualquier otro criterio, como el factor de impacto. La lista cuenta con más de 700 editoriales cuestionables y va creciendo día a día.
Un reciente trabajo de Xia et al. (2014) disecciona el tipo académicos que publican en estas revistas. Suelen ser investigadores inexperimentados de países en vías de desarrollo.  Algunos profesores con una dobles afiliación señalan que reciben mucho más spam predatorio en sus emails del sur. Lo cual no deja de ser preocupante, ya que este tipo de editoriales predatorias aumentan la distancia científica entre el norte y el sur.
Las alarmas sonaron cuando un paper deliberante falso fue aceptado por más 150 revistas académicas, como resultado de un experimento publicado en Science. Muchos de los predatory journals aceptaron un trabajo que debería haber rechazado cualquier revisor con unos mínimos conocimientos científicos. Sin embargo, algunas revistas de editoriales prestigiosas (Sage o Elsevier) también lo aceptaron y otras supuestamente predatorias lo rechazaron tras la revisión.
En el otro lado del campo de la batalla, también hay revistas que se comportan como las predatories. Estas revistas no están incluidas en la lista de Beall, ya que se ocupa solo de revistas de acceso abierto. Este hecho, entre otros, ha generado polémica entre los expertos en biblioteconomía. Crawford (2014) ataca sin piedad a Beall acusándolo de una triste obsesión enfermiza contra todos las editoriales de acceso abierto. Señala que una cosa es una revista mediocre o amateur y otra cosa es se deliberadamente malintencionado.
Crawford (2014)  critica que no denuncie casos similares en editoriales comerciales. Recientemente el índice de referencia (Journal Citation Reports JCR) eliminó cautelarmente a 38 revistas del índice. En concreto, 23 por auto-citas y 15 por “citation stacking” o lo que viene a ser un cártel académico. Como nos desvela Thompson Reuters, estas revistas recibían la mayor parte de sus citas de otras revistas satélites generando una inflación de citas y distorsionando el índice de impacto. Es decir, revistas “serias” de editoriales de prestigio comportándose al más puro estilo predatory.

Por tanto ni la lista de Beall es tan negra ni la lista del JCR es tan blanca. Ante un paper acabado, nos encontramos muchas veces como el profesor de la viñeta. En medio de una batalla editorial donde gane quien gane tenemos las de perder, al más puro estilo Alien vs Predator.

Para aliviar el mareo editorial, Berger y Cirasella (2015) nos recetan mirar más allá de listas negras y listas blancas. En caso de duda, acuda a su bibliotecario de cabecera y déjese aconsejar por un profesional.

1 dic 2014

La ANECA acaba con el monopolio “JCR”

http://blogaldeaglobal.com/2014/12/01/la-aneca-acaba-con-el-monopolio-jcr/
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Con una ligera demora con respecto a años anteriores, el BOE ha publicado hoy los criterios por los que se regirá la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI) para evaluar la calidad investigadora en el 2014. La principal novedad con respecto al año pasado en el campo de las Ciencias Económicas y Empresariales es la equiparación de los índices Journal Citation Reports (JCR) de Thompson Reuters con SCOPUS de Elsevier.
Mientras en el BOE del 2013, la mención al índice SCOPUS estaba en el apartado 3b)
“Podrán considerarse también los artículos publicados en revistas que ocupen posiciones relevantes en los listados de SCOPUS”
En el BOE del 2014, SCOPUS sube de nivel hasta el 3a):
“Los trabajos publicados en revistas de reconocida valía, aceptándose como tales( …) Journal Citation Reports (JCR) Social Sciences Edition (…) así como en SCOPUS.”
Con la anunciada fusión entre la ANECA y la CNEAI, se ha reparado la “el acusado JCR-centrismo” que impuso el BOE del 2005 (Ruiz-Pérez, Delgado y Jiménez-Contreras 2010, p. 907). Es decir, la ANECA ha terminado con el monopolio del JCR. Bienvenidos al duopolio.
Es cierto que los cambios de criterio que dificultan la planificación de la investigación a largo plazo (piensen que el criterio que se establece hoy establece unos criterios retroactivos para un periodo de seis años). Sin embargo, es previsible que la supresión del monopolio de la indexación científica  tenga efectos positivos (asumiendo que la calidad científica de ambos índices es similar). Se me ocurren las siguientes razones:
  1. Se amplía el número de revistas consideradas de alta calidad.  La cobertura de ambos índices es distinta (SCOPUS indexa 15,000 journals y JCR 9,000.
    1. Una mayor cobertura puede contribuir a reducir el lag editorial y la tasa de rechazo (Conley 2012).
    2. Se fomenta la creatividad al abrirse el abanico a revistas más especializadas o independientes.
  2. La forma de calcular el impacto científico también difiere. SCOPUS suele referenciar un número de citas mayor que JCR (Pislyakov, 2009). Ello implica que un mismo artículo suele tener unos indicios de calidad mayores en SCOPUS que en JCR.
  3. La plataforma de SCOPUS SCImago Journal & Country Rank es totalmente abierta y gratuita, a diferencia de la JCR.
  4. Los criterios de indexado de SCOPUS parecen más transparentes que JCR. Las revistas JCR bailan fuera y dentro del índice sin unos criterios claros de inclusión o exclusión (o al menos yo no he podido encontrarlos en su web).
Puede que algún día Google Scholar acabe barriendo a estos dos índices. Pero de momento el paso del monopolio al duopolio aumentará el bienestar de una parte de la sociedad (como mínimo de los que tratamos de investigar).

  1. MAriam: ¿De donde sacas que incluir SCOPUS “significa bajar el nivel de exigencia”? ¿Conoces todas las revistas que entraron en JCR a partir de que ‘abrieron la mano’ (o aumentaron su mercado, en sus propias palabras) en 2008?¿Sabes que varias revistas de las que entraron estaban en el 4º cuartil de In-RECS?¿Sabes que algunas apenas cumplían 25 criterios Latindex, esos que ahora denigras?¿Has mirado en que puesto estaban por prestigio las revistas que admitieron – y las que quedaron fuera-?. ¿Que WoS recoge mejor los artículos de CC.SS. españolas que Scopus, que tiene una cobertura mucho más exhaustiva?. O lo dices por provocar o eres una devota, convertida a la gran religión del JCRcentrismo (que como otras, por lo visto es la única verdadera)
  2. Excelentes noticias! Esta medida es más objetiva y mejorará la evaluación de la actividad investigadora y, con ello, la propia investigación. Estoy de acuerdo con el autor del blog y con los acertados comentarios de Ricardo, pues creo que Scopus está demostrando ser mejor que JCR en cualquier aspecto (cobertura de revistas, índices de impacto, transparencia, etc.). No tenía mucho sentido que la evaluación de la investigación estuviera polarizada por el obsesivo-compulsivo JCR.
  3. Respondiendo a Ricardo,
    Por supuesto que conozco Scopus y claro que yo subiría el nivel de exigencia. Pero eso es otra historia. Soy contraria a comenzar a abrir el abanico, porque se empieza por esto y se acaba por incluir Latindex, que es lo que algunos quieren.
  4. Perdona Mariam, pero creo que no conoces Scopus, o quizás también desconozcas la WoK de Thomson R., pues de lo contrario no es explicable que digas semejantes cosas. Sin duda alguna, el reconocimiento de Scopus al mismo nivel que la WoK no solo era desable sino tambien necesario para una valoración más objetiva y comprehensiva de la investigacion española, a la vez que nos permite liberarnos, aunque solo sea un poquito, del inexplicable cautiverio al que nos tiene sometidos esta última, sobre todo en los ultimos años, a todos los investigadores españoles por decreto ley. Scopus es mejor base, de lejos, que la WoK, y sus indicadores de impacto, aparte de ser de acceso libre, son también más válidos y menos manipulables que los del tan cacareado JCR (tantas veces impuesto indiscriminadamente). Miriam, si realmente deseas mayor exigencia para obtener un sexenio es muy fácil, pide como requisito minimo que las 5 contibuciones correspondan a revistas Scopus del primer cuartil. Pero por favor no digas que incluir Scopus significa bajar el nivel porque es un grave error. Tampoco es explicable que el gobierno aún siga pagando varios millones de euros por una base, i.e., la WoK, únicamente para consultar algo que debería ser gratuito (i.e., los impact factor de JCR), pues como base de datos es más que limitada.
    Por cierto, la entrada del blog me ha parecido excelente.
  5. Gracias, Jordi, por tu entrada en el blog.
    Ayer yo también me leí el BOE. Creo, contrariamente a lo que tú dices, que son malas noticias. En la práctica, incluir SCOPUS significa bajar el nivel de exigencia y eso no es necesario en absoluto. Muy al contrario, ahora mismo es bastante fácil obtener un sexenio en el ámbito 8. En contra de un bulo que existe, más del 80% de las solicitudes de sexenio en Economía se resuelven favorablemente.
    Relajar la exigencia es una medida inflacionista. Y ya se sabe que la inflación a los que más perjudica es a los que, con gran esfuerzo, se hicieron su patrimonio, en este caso, de sexenios, cuando era más difícil.
  6. http://culturaguanaca.blogspot.com/ muy interesante informacion excelente lectura!!!!