23 ene 2011

Henry Ford era un tipo listo

http://www.valenciaplaza.com/ver/18726/Henry-Ford-era-un-tipo-listo.html

Por JORDI PANIAGUA (*).
23/01/2011 "No sólo porque vendió y sigue vendiendo muchos coches. Dijo una frase que resume a la perfección uno de los axiomas económicos más importantes: "Quiero producir coches que mis trabajadores puedan comprar". No sé si había leído a Say, o representa uno de esos casos en los que la sabiduría popular del empresario nos deja a los economistas con la boca abierta..."

Henry Ford era un tipo listo. No sólo porque vendió y sigue vendiendo muchos coches. Dijo una frase que resume a la perfección uno de los axiomas económicos más importantes: "Quiero producir coches que mis trabajadores puedan comprar". No sé si había leído a Say, o representa uno de esos casos en los que la sabiduría popular del empresario nos deja a los economistas con la boca abierta. Dicen lo mismo y más claro sin el refinamiento matemático, citas interminables y términos incomprensibles para el público. Parece como si cada profesión modelara el lenguaje en su beneficio para cercar su coto. ¿Dónde quedó la propuesta para simplificar el lenguaje jurídico?).

En la célebre frase del constructor de coches se aúnan las tres condiciones que hacen posible el mercado: la oferta, la demanda y el producto. Ha sido frecuente la interpretación de la frase desde el punto de vista de la oferta y del producto: tener coches buenos y baratos para que la demanda los pueda asumir. Es en ese esfuerzo, las multinacionales han buscado las mejores localizaciones para ofrecer un producto al precio más competitivo. Pero Ford no se quedó allí. Hoy conviene interpretar su frase desde la demanda y en especial desde el mercado de trabajo. Es decir, puedo tener el coche más barato del mercado, ¿pero qué sucede si no hay trabajadores que lo puedan comprar? Se está hablando mucho de reformar el mercado de trabajo (y vamos añadiendo mercados como si nada, el financiero, el real, sólo falta el de Benicalap). El trabajo nos ha mantenido ocupados varios miles de años, y bien al alba con el canto del gallo o con una moderna radio despertador millones de sísifos despiertan cada mañana hacia el trabajo.

¿Pero qué sucede cuando no hay trabajo? Según Ford, se dejan de vender coches y la economía (y todos sus mercadillos) se resiente. ¿Qué hacemos? Hasta ahora, cuando tan sólo a unos pocos les faltaba trabajo, se le ha pagado al desempleado un subsidio para que en el tránsito de un trabajo a otro pueda ir tirando. Más llanamente, se paga por no hacer nada. Ni compras (no hay demanda), ni produces (no hay oferta). Mientras sólo sean unos pocos, no es muy grave. Pero pagar a mucha gente por no hacer nada es, como mínimo, interesante. Uno puede aprovechar el tiempo para leer "Crimen y Castigo", para formarse, para pasear en bici o para hacer aquello por lo que te pagan: nada.

Parece que en nuestro país de antiguos hidalgos tampoco está mal visto que nos paguen por nada. Sin embargo, en otras latitudes, les choca un poco más. Algunos más al norte pensaron hace algún tiempo, "démosle el dinero a Henry Ford, que parece un tipo listo". En un oxímoron vikingo, pasados un meses (tampoco vamos a ser tan severos) el desempleado puede recibir su prestación si trabaja! Es decir, el INEM paga al desempleado trabajador a través de una empresa que le contrata. El trabajador trabaja y cobra por hacer algo, el empleador emplea (gratis) y produce algo. Parece que oferta y demanda se vuelven a encontrar.

Como idea, tiene su aquel. Otra cosa es si el orden de los factores no alterará el producto. Importar una medida así al país del Lazarillo de Tormes puede que no resulte ni fácil ni cómodo. Al fin y al cabo sólo hay cuatro millones de hidalgos, la plata sigue llegando de América, el mar está en calma en el canal de la Mancha y algún día Felipe (II+IV) estará al frente de la armada. Hermosa coincidencia, a lo mejor alguien se vuelve a excusar con eso de "yo no mandé a mis naves a luchar contra los mercados".

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(*) Jordi Paniagua Soriano fue responsable de gestión del conocimiento de VCI y es profesor de econometría de la UCV.


3 ene 2011

Cómo atraer hacia Valencia la inversión extranjera

http://www.valenciaplaza.com/ver/18052/C%C3%B3mo-atraer-hacia-Valencia-la-inversi%C3%B3n-extranjera.html

JORDI PANIAGUA SORIANO (*). 03/01/2011

Recordemos la variante de la parábola de los ciegos y el elefante, relatada en este mismo diario, donde tenemos una serie de animales totalmente distintos (un gato azul, un tigre celta y un oso panda) que resultan estar encerrados juntos en la misma jaula.

Graham y Bean utilizaron esta metáfora para describir la variedad de empresas y situaciones que se encierran bajo la denominación común de inversión extranjera, planteando algunas cuestiones de respuesta incierta. ¿Qué nexo existe entre la inversión de una empresa de química japonesa y una informática china, además de ser extranjeras? Por otra parte, ¿cómo definir la inversión extranjera? ¿Cuáles son los determinantes de la inversión extranjera y qué políticas públicas son las más adecuadas para incentivarla?

Ante la diversidad de teorías existentes, casos y localizaciones concretas, el economista británico John Dunning propuso un enfoque ecléctico. Abordó el estudio de la inversión extranjera directa (IED) desde tres puntos de vista: la propiedad, la internalización y la localización. Su razonamiento es el siguiente: para que una empresa invierta en el extranjero ha de poseer una ventaja propia que la diferencie (por ejemplo la calidad o un producto novedoso). Esta empresa, ha de decidir internalizar esta ventaja: explotarla y controlarla por sí misma. Y por último, explotará la ventaja en la localización más adecuada para ello.

Voy a empezar por el principio, ¿qué es inversión extranjera? Al término inversión extranjera se le suele apostillar "directa" para distinguirla de otros tipos de inversión extranjera, por ejemplo, la compra de tesoro público (que ahora está tan de moda). Lo que diferencia la inversión extranjera directa (IED) es la voluntad de control por parte de un no residente de una actividad o activo local (parece poco probable que los inversores extranjeros, dentro de misterioso mercado del que tanto se habla, quieran controlar el Estado a través de la compra de bonos...).

Parece claro, pero este hecho hace que los determinantes de la IED y su política económica varíen sustancialmente frente a una visión más monetarista basada, en el coste y en la política fiscal. El control extranjero en la inversión también tiene implicaciones sobre el efecto que tiene la IED en la economía local. Si el inversor foráneo sólo aporta su dinero y no sus conocimientos, difícilmente se puede transferir a las empresas locales parte de este "saber hacer". El Sr. Pirelli diría que la potencia sin control no sirve de nada.

¿Cuáles son los determinantes locales de la IED? Para plantear políticas que incidan sobre la IED deberíamos en primer lugar preguntarnos cuáles son las causas motivadoras de la inversión extranjera: conociendo los factores que explican el comportamiento de la IED podríamos estar más cerca de plantear medidas que incidieran sobre la IED. Se suelen citar como determinantes principales el tamaño de mercado (PIB), la disponibilidad de recursos, el acceso al conocimiento productivo, la ausencia de barreras de entrada, los costes de producción y transferencia así como el riesgo y la seguridad política y jurídica.

¿Y en España? En una reciente investigación académica desarrollada en la Facultad de Estudios de la Empresa de la UCV, en colaboración con VCI y la UV, se han estudiado los determinantes de la inversión extranjera directa en España (y sus CC AA) en los últimos 15 años. Como principales determinantes de la IED se encuentran las oportunidades de mercado e inversión, la disponibilidad de recursos y el acceso al conocimiento productivo, en línea con trabajos anteriores en la materia.

Políticas económicas que incidan de manera positiva en estos determinantes incentivarán la entrada de IED. La mayoría de estas medidas serían horizontales, es decir, afectarán a la economía regional y a las empresas, independientemente de su procedencia. En este sentido los economistas suelen citar acciones genéricas como la formación y la educación, las infraestructuras de transporte o la I+D. También acciones como la simplificación de trámites burocráticos o el conocimiento de idiomas de la población.

Políticas fiscales a la irlandesa y de reducción de costes serían medidas que podrían tener un efecto beneficioso sobre la economía, pero ambiguo sobre la IED. La IED no es únicamente atribuible al movimiento de capitales o costes, hay que añadirle el factor control, como vimos antes. Para empresas multinacionales lo suficientemente diversificadas, la fiscalidad o costes puntuales en una región o país tendrán un efecto limitado, o se verán compensadas por su presencia en otras regiones, como nos recuerda Krugman.

En cuanto a las medidas específicas sobre la IED, se suelen mencionar la agilización de visados para técnicos y ejecutivos extranjeros. También disponer de un asesoramiento local especializado en inversión extranjera, que contribuya a disminuir la incertidumbre (y riesgo) en su inversión.

Es conveniente establecer un matiz. Estas medidas incidirían en la IED bruta y en el tipo de IED que se ha venido recibiendo hasta ahora. Los determinantes señalados para caso español parecen indicar una inversión encaminada a abastecer el mercado local, en un contenido tecnológico limitado, propiciado por una cierta sustituibilidad entre exportaciones e IED. Por lo que podríamos dar un paso más, propiciar la entrada de una IED de "calidad". Aquella doblemente beneficiosa, que aumente la productividad de la economía y de las empresas locales.

De alguna manera aquella competencia que "nos pone las pilas", que transfiere conocimientos y crea trabajos cualificados. IED con alto contenido tecnológico y exportador. Políticas económicas encaminadas a aumentar la IED de calidad vendrían marcadas por aquellas que incidieran en los incentivos a la exportación y el fomento de la I+D. Por ejemplo tareas de promoción y proyección internacional o actividades en sectores de alto valor añadido.

Todas estas medidas son a largo o medio plazo, en cierta manera genéricas y de una lenta aplicación. ¿Qué más se puede hacer? Y más en situaciones como las que estamos viviendo. Por lo pronto, echarle un poco de imaginación al asunto. Una de las medidas más sorprendentes que se ha puesto en marcha en los últimos 30 años es la emisión de Doraemon en japonés. Para quien no lo conozca, Doraemon es un gato cósmico azul con un bolsillo mágico. El ministro de Exteriores de Japón, Masahiko Komura, lo nombró recientemente embajador nipón (Associated Press, 19/03/2008). Algunas televisiones autonómicas llevan emitiendo estos y otros dibujos japoneses en versión original, con la tecnología NICAM, desde mucho antes de la aparición de la TDT, y no por casualidad.

Como tampoco lo es la presencia de colegios japoneses, franceses o alemanes en España. La IED no es sólo economía, también tiene su porción de sociología. Difícilmente se entendería la IED en Europa del Este tras la caída del muro, o el caso irlandés, sin la imbricación de redes personales de polacos o irlandeses en EEUU o Alemania. Que sutil ironía la de los dos hermanos Weber, al ver Alfred como su hermano mayor, Max, le eclipsa también en su propia disciplina (la localización empresarial).

Con esto podemos dar respuesta a la primera pregunta, ¿cuál es el nexo entre las distintas empresas inversoras? La respuesta es el territorio y las personas. Si nos hallamos en una Comunidad en la que los extranjeros quieran vivir y trabajar, la inversión foránea se facilita de manera considerable. Medidas que pongan en valor el territorio, principalmente las empresas, pero sin olvidar las personas, fomentarían la entrada no sólo de inversión monetaria o de nuevas técnicas de producción o gestión, sino también de nuevas ideas y talento, que desbordarían las fronteras de su propio ámbito, incidiendo positivamente en el resto de la sociedad.

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(*) Jordi Paniagua Soriano fue responsable de gestión del conocimiento de VCI y profesor de econometría de la UCV.

1 comentario

EMb escribió
12/01/2011 09:24

Interesante el comentario sobre colegios extranjeros en España. Como se puede explicar que, siendo España la novena economia del mundo y siendo el español el segundo idioma mas hablado, practicamente no existan colegios de enseñanza española en el extranjero?