10 mar 2011

Llengua, marketing i economia

http://www.valenciaplaza.com/ver/21384/Llengua--marketing-i-economia.html

Llengua, marketing i economia

JORDI PANIAGUA (*). 10/03/2011 "El pensament envers del valencià és massa "fort": sol fer-se des d'una perspectiva filològica passional, unilateral en dos direccions. Apliquem un pensament dèbil: la nostra llengua és un recurs al nostre abast, ¿què ens pot aportar més enllà de la comunicació i la poesia..."


VALÈNCIA. Igual que l'economia dèbil busca respostes fora de l´àmbit econòmic, altres disciplines s'enriquirien amb l´anàlisi econòmic dèbil. Les respostes de l´economia dèbil només poden ser febles. No busquem resultats fàcils ni conclusions fortes sobre temes complexos.

El pensament envers del valencià és massa "fort": sol fer-se des d'una perspectiva filològica passional, unilateral en dos direccions. Apliquem un pensament dèbil: la nostra llengua és un recurs al nostre abast, ¿què ens pot aportar més enllà de la comunicació i la poesia?

La teoria econòmica ha estudiat les llengües com una barrera d'entrada i protecció de qui la parla o acredita el seu coneixement, per exemple a unes oposicions. També com una ferramenta per tal de delimitar un mercat. Si escric un article en valencià, estic acotant el mercat lector. Podria haver-lo escrit en castellà i m'hauria entès més gent. Amb l'anglès, hauria arribat a més públic, i ja no parlem del xinès. Però estes reflexions volen arribar primer al públic valenciano-parlant.

Les llengües, i en especial les minoritàries, també són una eina per aconseguir una certa intimitat econòmica. Pensem en les ordres encriptades en llengua Sioux als submarins americans a la segona guerra mundial. En negociacions a l'estranger, una empresa valenciana té l'avantatge de la privacitat al poder comentar la jugada sense ser entesos per l'altra part. Una multinacional podria fer servir la llengua com a forma d'identificació amb la terra d´acollida. En este sentit, la llengua pot servir també per eliminar certs costos d'aprenentatge, tan del treballador com de l'entorn local per part de l´empresa.

Quant a la delimitació del mercat, s'utilitza també el màrqueting. Una empresa que vol focalitzar la venda dels seus productes i diferenciar-se de la competència pot utilitzar la llengua com a eina per aconseguir-ho. Funciona d'igual manera per als partits polítics a la recerca de vots. A ningú se li ocorreria entrar al negoci de la xufla en l'horta o presentar-se per alcalde a la Ribera o la Marina sense dominar, un poquet almenys, el valencià.

Però la llengua no només defineix el mercat, també el crea. Hi ha tota una economia al voltant de la llengua. Tots els recursos, públics o privats, destinats al aprenentatge, difusió i utilització del valencià conformen un espai econòmic en si. Els llibres, la música, el teatre, la televisió, no creixen per generació espontània, hi ha empreses i gent treballant al darrere.

La llengua és poesia, filologia i política, però també economia i empresa. Perdre-la significaria ser més pobres, en totes les seues accepcions. I ja que la tenim, busquem fórmules per traure-hi el màxim rendiment. Com a mostra, el Ministeri d'Indústria, Turisme i Comerç (i no el de Cultura) té en marxa un programa d'atracció d'inversions basat en la llengua castellana com a recurs econòmic. L'Alguer, i sobretot Malta, obtenen bona part dels seus recursos gràcies al turisme lingüístic. Estes idees, i altres, contribuirien a assossegar el debat. I a fer caixa: tota pedra fa paret.
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Jordi Paniagua Soriano es professor d'Econometria a la Facultat d'Estudis de la Empresa, UCV.

1 mar 2011

No es crisis: es el nuevo status quo

http://www.valenciaplaza.com/ver/20836/No-es-crisis-es-el-nuevo-status-quo.html

JORDI PANIAGUA SORIANO (*). 01/03/2011

VALENCIA. La crisis ya ha terminado. Si por crisis entendemos la ortodoxia económica de una recesión del PIB durante dos periodos consecutivos, ya no estamos en crisis. Dejemos de hablar tanto de la crisis y pongámonos a trabajar. Mi hermano me dice que en los tres meses que lleva viviendo en Holanda no ha oído la palabra crisis. Puede ser también que no domine aun lo suficiente esa rara mezcla de alemán e inglés, que hierve como una patata en la boca. ¿Cuánto tiempo más vamos a estar hablando de la crisis? Como aportación personal, me he propuesto no escribir más sobre la crisis, a menos que sea por trabajo.

El transcurrir del tiempo no es muy caprichoso, se mueve siempre hacia adelante. Parece que los felices 90 no volverán y nos encontramos frente a un escenario que se antoja más permanente que una crisis o depresión pasajera. En Japón, tras 20 años, ya nadie habla de crisis: el estado natural de su economía es de crecimiento bajo o nulo. En España puede estar sucediendo lo mismo. En nuestro país el mercado se ha corregido vía volumen y no precios. En una economía sin apenas rigideces, las fricciones económicas se resuelven vía precios. Si hay un parón económico, las empresas ajustan sus costes y bajan los precios para intentar vender más.

En una economía rígida, con unos salarios vinculados al IPC y salarios mínimos (e incluso hay propuestas de imponer salarios máximos), el ajuste no se produce vía precios. Una vez que la empresa ha ajustado sus costes (como en USA), si no puede bajar los precios para vender más, cerrará. Si somos inflexibles en cuanto a los precios, el mercado expulsa a las empresas menos eficientes y poco flexibles. Trabajan menos empresas, compran menos clientes, pero a los mismo precios. O incluso a precios mayores si aumentan por causas exógenas como el alza del precio del crudo o de las materias primas.

Los mecanismos económicos han reaccionado a las variables que presenta nuestra economía. El ajuste en costes y la rigidez en los precios nos han dejado a muchos frente a la cola del paro. Por ello, la cuestión no es totalmente económica, también es social. Si se quiere atacar el problema de raíz, exploremos nuevas vías. Y dejemos de hablar de crisis, porque no estamos frente a una situación temporal ni transitoria. Esta mal llamada crisis es nuestro nuevo statu quo. No vamos a salir de ninguna crisis: ya la dejamos atrás hace algún tiempo y lo que tenemos son las vergüenzas de nuestra economía al desnudo, como en la película de Mankiewicz 'Eva al desnudo' (All about Eve).

¿Cómo vestirla? Aunque habrá quien la prefiera al natural. Sabemos que solemos crear empleo por encima del 3% de crecimiento. ¿Qué sucede si no volvemos a crecer a esa tasa? La ciencia económica puede proporcionar remedios paliativos: austeridad, gasto, control de la inflación. Si aceptamos que las medidas económicas del pasado no van a solucionar del todo un problema que tiene sus raíces en un paradigma social, no busquemos tan solo soluciones monetarias.

Utilicemos, ante nuevas situaciones, nuevos conceptos. La economía débil, en línea con el pensamiento débil de Gianni Vattimo, es una nueva manera de abordar los problemas económicos. Frente a una lógica económica férrea y unívoca, se han de cursar otras interpretaciones. Ante un problema no sólo económico, sino social, busquemos un enfoque ecléctico y multidisciplinar: ¡Que inventen otros! La economía débil encuentra su fuerza fuera de sí misma, nutriéndose de las aportaciones de sociólogos, pero también de los filósofos, psicólogos o teólogos. El resto de las ciencias sociales debería tener algo que aportar a la economía, incluso algo interesante.

La economía débil, cuando tropieza con nuevos términos y problemas, busca remedios fuera del ámbito económico. Las medidas puramente económicas se vienen mostrando insuficientes para abordar conflictos que escapan de lo estrictamente económico. Las cuestiones a las que nos enfrentamos todos, como sociedad, ya no se resuelven inundando los mercados con dinero. Nos encontramos en cierta medida mudos ante esa nueva imposición de "trasmitir confianza a los mercados".

La economía débil se replantearía esta cuestión bajo otro prisma. Por ejemplo, ¿se trasmite más confianza a los mercados exclusivamente a través de balances monetarios o siendo individualmente más puntuales? El desplazamiento laboral es un concepto económico que necesitaría de nuevas aportaciones. ¿Es rentable económicamente la inversión en 'alta velocidad española' si seguimos llegamos tarde a nuestras citas? En Alemania los trenes no van tan rápido y la gente llega puntual a las reuniones.

Además, existen otros métodos y tecnologías de interacción social más eficientes, como las videoconferencias. El resto del mundo se mueve a la velocidad imparable de Facebook y Twitter, incluso algunos buenos periódicos prescinden del papel. ¿Preferimos la vía estrecha a la banda ancha? ¿No estaremos confundiendo la velocidad con el tocino?
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(*) Jordi Paniagua Soriano es profesor de Econometría en la Facultad de Estudios de la Empresa de la UCV

11 comentarios

JPG escribió
03/03/2011 18:56

El contenido de este comentario es bastante diferente, en mi opinión, al publicado en la primera ocasión. Con este estoy completamente de acuerdo y lo vamos a comporbar en relación con el paro en España en los proximos trimestres. Pero la pobreza es otra cosa. Y las definiciones de las líneas nacionales de pobreza, que en España utiliza Caritas para martirizarnos cada año, tienen poca relevancia excepto para la articulación de políticas sociales dentro de cada país. Por otra lado, ni estoy extremadamente ofendido ni me gusta la gresca. Pero si me gusta la seriedad y que no se confunda el culo con las témporas.

JPS escribió
03/03/2011 14:36

Un cambio de mentalidad es lo que hace falta, pero me temo que todo esto quedara en bonitos discursos, en grandes propistos y pocos hechos. La paralisis por el analisis. Estoy cansado de la Lerdocracia.

Emb escribió
03/03/2011 10:10

Ruego me disculpe: no le entiendo y su enlace me aparece como "roto". En cualquier caso, queda claro que mi comentario inicial era excesivamente general y en vista de sus exclamaciones, le pido perdon por ello. Debe estar extremadamente ofendido y lo lamento. Ahora bien, eso no quita que el comentario tuviera sentido. Insisto (intentare ser mas especifico): que haya crecimiento economico global ,medido en terminos de PIB, no lleva aparejado una reduccion (igual al crecimiento) del indice de pobreza ni del numero de pobres ( y menos aun alla donde la pobreza es mas extrema y donde, por tanto, antes deberia paliarse). Le puse el ejemplo de EEUU (del mas "rico") para que pudiera ver que no solo habia mas pobres, sino que el indice de pobreza no era reflejo del crecimiento de ese pais (otra vez, medido en terminos de PIB) del pais durante esos años. Nos vemos en el proximo articulo. Me da que le gusta la gresca! Saludos.

JPG escribió
02/03/2011 16:22

¡¡Ya salió el oráculo Wikipedia, mal citado por cierto, al margen de que Emb no hablaba en su comentario de EEUU sino en general!!. Pues a) el poverty line al que se refiere son 11.136 $ para un individuo y 45.095$ para una familia de 9 miembros (datos pra 2.010). Traduzcasse a € y valorese si eso es pobreza en la percepción de la mayoría de los ciudadanos. b) como se señala en el falso oráculo que cita la definición se refiere a las personas que carecen de lo que socialmente es considerado básico por la sociedad que algo completamente relativo c) en el mismo oráculo hay un precioso cuadro que muestra que teniendo en cuenta el aumento de población, el % entre 1959 y 2009 se ha reducido casi a a mitad: de +- 22,5% a 14,3%. Toda a información en http://www.census.gov/hhes/www/poverty/index.html.

Emb escribió
02/03/2011 14:35

A JPG: Datos de pobreza en EEUU, de 1959 a 2009. Podras comprobar que hay mas pobres hoy que entonces, en EEUU. Esta comprobado dos veces, por si acaso. En ambas ocasiones el numero indica lo mismo. http://en.wikipedia.org/wiki/File:US_poverty_rate_timeline.gif Saludos.

cgl escribió
02/03/2011 07:22

"A menudo veo muertos", (dixit, niño de El sexto sentido).

Andreu escribió
01/03/2011 16:42

Interesante teoría. No estamos en crisis, es que somos esto. Pero, ¿qué papel queda a los actuales bancos y cajas en una mayor reactivación económica y crecimiento dado su nulo papel ahora en la oferta crediticia a las empresas? La respuesta puede ser un arranque para una segunda parte del artículo.

JPG escribió
01/03/2011 16:01

¿De qué indice de pobreza habla el comentarista Emb?. Me parece que debería mirarlo dos veces antes de escribr semejante majadería, quizá la mayor que he leído en Valenciaplaza.com desde su inicio. Por otro lado, tanto el autor como el comentarista González Triviño podrían enviar sus descubrimeientos, aunque los asirios ya lo sabían, a una universidad de prestigio para que los hagan Honoris Causa. Claro que seguramente ambos serán de la opinión que están vendidas al oro de Moscù.

Carlos González Triviño escribió
01/03/2011 09:59

Yo también creo que la crisis como elemento de interpretación coyuntural ha perdido su sentido y que nos encontramos ante un escenario totalmente nuevo que exige un reajuste de los conceptos y del enfoque disciplinar mediante el que los conceptos se producen. Explicativamente deberíamos haber abandonado ya esta posición por improductiva y por ingenua. Es como observar el paisaje resultante de una glaciación desde la lógica de su posible restablecimiento. Hay que pensar extra- y meta- económicamente. Estoy de acuerdo.

01/03/2011 09:47

Ya lo decía Rorty: "Abandonad el racionalismo ilustrado"

Emb escribió
01/03/2011 09:19

Mi opinión es que toda crisis económica debe ser vista desde su vertiente social. Qué sentido tiene que haya habido crecimiento de la economía global durante los últimos 50 años (medido en términos de PIB) si el índice de pobreza no solo no ha decrecido, sino que se ha incrementado. Estamos disparando con una escopeta de feria... ¿Quién sera el feriante que truca la mirilla?

22 feb 2011

Sobre econometría, series y otros cálculos ambiguos

http://www.valenciaplaza.com/ver/20366/Sobre-econometr%C3%ADa--series-y-otros-c%C3%A1lculos-ambiguos.html

JORDI PANIAGUA (*). 22/02/2011 "Ahora que la canciller alemana propone ligar el sueldo a la productividad habrá que desempolvar los viejos apuntes para calcular los salarios. Preguntas como ¿cuánto tengo que invertir en publicidad para aumentar las ventas? son cuestiones sobre las que la econometría tiene una respuesta más eficiente que la prueba y error..."

VALENCIA. Series hay de muchos tipos. El ciclista piensa en las tardes subiendo el puerto de l'Oronet cuatro o cinco veces seguidas. El telespectador recuerda las noches de entretenimiento frente a la tele. En el mejor de los casos series de la BBC como Fawlty Towers, Black Adder o Coupling. O norteamericanas como The Wire (Dostoievski en Baltimore), que debería ser de visión obligada para policías, sindicalistas, políticos, maestros y periodistas. El economista o el ingeniero (algo en común teníamos que tener) suele dibujar series de datos. Incluso hay algunas series económicas que nos sobresaltan cada mes o trimestre: el paro, el PIB, la inflación.

Más allá de la homonimia no existe una aparente conexión. Hasta la última temporada de Frasier que, como los buenos libros, deja un vacío existencial cuando se termina. Es entonces cuando Julia -interpretada por Felicity Huffman- publica un libro titulado "Aplicaciones de econometría para la vida corriente". La econometría ha sido tradicionalmente un campo cercado y de especialistas. Frasier nos propone aplicarla a la vida real y corriente. Las series se entrelazan.

La econometría es la medida (metría) de conceptos económicos. Lord Kelvin, que de medir sabía lo suyo, dijo "Medir es saber", para añadir "lo que no se puede medir no se puede mejorar". Peter Drucker amplió la idea señalando que lo no medible no es gestionable. Si queremos mejorar o gestionar mejor la economía, deberíamos empezar por medirla adecuadamente. Este concepto, subyacente en la gestión de la calidad, es fácilmente exportable a otros ámbitos.

A modo de ejemplo, el primer día de clase tras los exámenes de febrero, cuando los alumnos están aún atentos y expectantes, les propuse el siguiente ejercicio: averiguar cuál era el porcentaje de clases a las que tenían que asistir para poder aprobar la asignatura utilizando las notas y la asistencia del primer cuatrimestre como variables. Luego que no me digan que no les avisé si hacen más novillos de los necesarios.

Ahora que la canciller alemana propone ligar el sueldo a la productividad habrá que desempolvar los viejos apuntes de cuarto de carrera para calcular los salarios. La regla de tres es un poco escurridiza con la cada vez más compleja realidad económica. Preguntas como ¿cuánto tengo que invertir en publicidad para aumentar las ventas? son cuestiones sobre las que la econometría tiene una respuesta más eficiente que la prueba y error. ¿Cuántas casas construyo, cuál es la demanda y a qué precio? Parece que las regresiones que se plantearon hace unos años en el mercado inmobiliario tenían un coeficiente de determinación bastante, pero bastante bajo.

Sin embargo, la econometría no es un fin en sí mismo. Todo problema que se plantee necesita un sólido modelo que pueda ser contrastado. La econometría no nos ofrece una solución mágica para administrar un comercio, aprobar una asignatura o gobernar un país. Unos cálculos más rigurosos mejorarían nuestro conocimiento de la realidad, pero se necesita un buen producto, horas de estudio y una sólida gestión.

¿Qué sucede cuando falla el modelo y además no lo calculamos correctamente? Por ejemplo, queremos repartir porciones de una tarta entre unos invitados. Podemos establecer distintos modelos para repartir los trozos: en función del hambre de cada uno, su edad o simplemente a partes iguales. Si cada invitado decide el modo de repartir el pastel en función de lo que más le interese y no somos capaces de medir y predecir el número y tamaño de las porciones, puede que me quede corto (imaginemos que una persona tiene un hambre voraz y lo devora todo). En el pastel autonómico unas autonomías reciben financiación por habitantes, otras por densidad de población, otras por PIB, otras por insularidad. La econometría se hace más necesaria que nunca. ¿Y si aun así no se halla el modo de dividir el pastel? Entonces será cuestión de replantearnos el modelo. Como diría Frasier "Sus labios me decían ‘no', pero sus ojos me decían ´lee mis labios'".

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(*) Jordi Paniagua Soriano es profesor de Econometría de la Facultad de Estudios de la Empresa, UCV.

1 comentario

Javier P. Fuentes escribió
22/02/2011 10:08

Me da la impresión que el autor además de ser economista y dedicarse a la econometría también es ingeniero pero sería clarificador especificar porque tienen algo en común ¿sólo una cosa: "algo"? o ¿varias? Y además la frase de que "lo que no se puede medir no se puede mejorar" ya la dijo el filosofo griego Anaximandro.

9 feb 2011

La flexiseguridad, los daneses (las danesas), el paro, España y yo

http://www.valenciaplaza.com/ver/19790/La-flexiseguridad--los-daneses-las-danesas--el-paro--Espa%C3%B1a-y-yo.html

JORDI PANIAGUA SORIANO. 09/02/2011 "Hoy he ido a la cola del paro. He acudido a una oficina del INEM para unirme a ese ya tan poco selecto club de desempleados. Lo bueno de las largas colas y su subsecuente espera es que te da tiempo para reflexionar, para leer o simplemente para mantener la mente en blanco y no pensar en nada..."

VALENCIA. Hoy he ido a la cola del paro. He acudido a una oficina del INEM para unirme a ese ya tan poco selecto club de desempleados. Lo bueno de las largas colas y su subsecuente espera es que te da tiempo para reflexionar, para leer o simplemente para mantener la mente en blanco y no pensar en nada. En mi caso recordé el verano de mi juventud que pasé trabajando como voluntario en Dinamarca. Los daneses (y las danesas, no nos olvidemos de las danesas) son gente curiosa. Pocos pero tremendamente orgullosos y muy prácticos. Cuando les pregunto en facebook por la flexiseguridad que ellos inventaron y que tanto se comenta estos días, lo primero que me responden es que en España no funcionaría. Pues empezamos bien.

La flexiseguridad tiene dos vertientes: un mercado de trabajo flexible, en el que se puede contratar y despedir casi libremente; y seguro, con altas probabilidades de encontrar empleo. Todo ello ligado a unas políticas de empleo activas, con derechos y obligaciones por ambas partes y una generosa prestación por desempleo, pero limitada.

Parece que flexibilidad y seguridad estén desconectadas. Sin embargo, para conseguir un mercado de trabajo seguro necesitamos que sea flexible: sólo la ausencia de barreras de salida hace que no existan barreras de entrada.

Pero la flexibilidad no se acaba en el despido. Todos somos flexibles, aún sin ser conscientes. El que no sea flexible en su profesión acabará siéndolo en su lugar de trabajo, o en su sueldo. El que se muestre inflexible en su salario, acabará por mudarse. Y el que no quiera mudarse, será terriblemente flexible en su salario y/o en su trabajo. A través de la flexibilidad se vuelve seguro el mercado de trabajo: el trabajador flexible tiene más opciones de trabajar.

¿Cómo se gestionaría? Nadie ha nacido siendo camionero o escayolista. Si por cualquier circunstancia existe una baja demanda de escayolistas y alta de camioneros, el INEM subvencionaría el carnet C1 a los escayolistas. ¿Qué sucede si el desempleado se muestra inflexible y rechaza el curso o una oferta de trabajo en otra ciudad? Muy sencillo, acepta la flexibilidad salarial: pierde la prestación y se convierte en un desempleado voluntario.

Existe un tercer factor a tener en cuenta: la empresa. Nuestro escayolista ahora tiene en su poder el carnet C1 y puede conducir un camión. Ahora sólo queda que una empresa quiera o pueda contratarle. El INEM podría, en vez de pagarle la prestación directamente al escayolista-camionero, abonar la prestación a una empresa de transportes que quiera contratarle.

Es esta empresa quien luego pagaría al trabajador. Al estado le cuesta lo mismo, pero el camionero reconvertido trabaja y la empresa contrata a un trabajador más sin apenas coste. La empresa puede contratar a jóvenes asumiendo el respectivo coste de formación, o a trabajadores curtidos sin demasiados costes. Este sistema tiene la dificultad añadida del control efectivo de las prestaciones. Existe también el riesgo de fraude con despidos ficticios y re-ontrataciones para ahorrarse los salarios. Ello obligaría a la reconversión del INEM hacia un verdadero sistema de gestión y seguimiento de empleo y no de desempleo. ¿Funcionaría este sistema en España?

En éstas estaba, cuando me tocó el turno, entregué la correspondiente documentación y me avisaron de la fecha de renovación. ¿Y hasta entonces? Muy sencillo: nada. Habrá que ir practicando la flexibilidad lingüística danesa, o en su defecto, germánica: Grüss Gott Frau Merkel.

8 comentarios

Natalia Villora escribió
29/03/2011 07:30

flexibles y reflexibles.... si lo pensáramos 3 minutos tienes más razón que un santo! como reza el dicho. Reflexión, también, a quien corresponda, porque este problema abre una enorme brecha social, Enhorabuena, este es un genial reencuentro

apsabater escribió
21/02/2011 16:11

Muy bueno Jordi. Tu mejor articulo! El trasfondo es la cuestión que se plantea: un danés opina sobre un español... cuando el problema es cultural y estructural, es un problema bien gordo. Como ya sabes el radical de mi padre dijo algo relacionado: en Alemania no hay crisis porque los alemanes trabajan y en España, los españoles roban. Una enorme exageración, pero con cierto trasfondo real. Somos latinos amigo. ¿No estaremos acaso pagando tantas charlas de café donde muchos hablaban de pelotazos a diario? Pues este es buena parte de nuestro tejido empresarial. Antes encontraremos nuevos pelotazos entre café y café antes que volvernos"flexibles". Enhorabuena!

Carlos González Triviño escribió
17/02/2011 19:06

Efectivamente Dinamarca es un país admirable en muchos sentidos. Por ejemplo la gestión local danesa ha sido objeto de una reciente publicación por el servicio de estudios de la Diputación de Barcelona. Las políticas activas en España podría decirse que son un desastre, pero más propiamente es que no existen. Y el sentido ibérico de la seguridad es un prejuicio cultural que cada vez va a producir más inflexibilidad y más paro. Desde luego refrescar el alemán siempre es una buena idea.

Emb escribió
17/02/2011 16:29

Mejor explicado, imposible. Ahora solo falta un político de peso, estadista y con altura de miras que lo proponga, lo luche, y se entregue. Eso, o que nos vayamos a vivir a Dinamarca... Casi que lo segundo, que, al menos, no suena a relato de A. C. Clarke.

Pablo Mª. escribió
11/02/2011 05:52

Realmente parece complicado creer que algo así ocurriera en España. Sin embargo, cierto es que hace tan solo unos años, el autor habría visto bloqueado su correo con acusaciones de "neocom", "fascista", y demás lindezas. La conclusión es muy sencilla: ¿Funciona bien allí? Pues ya sabemos... "cuando veas las barbas de tu vecino afeitar..."

Teresa escribió
10/02/2011 18:39

Enhorabuena por el artículo Jordi. El humor aporta mucha flexibilidad,..... y acaban de abrir una bolsa de trabajo para trabajar como profesor en la UPV.

castellana escribió
09/02/2011 21:01

Comparto la idea de los daneses ( y danesas) este sistema no funcionaría en España. Si algún día triunfase esa propuesta yo lo tengo claro , monto la empresa de transportes. En España ya podemos intuir lo que pasaría, sólo tenemos que prestar atención al maravilloso mundo de los becarios.

09/02/2011 20:52

Buenas noches: hace pocos dias mi hija comenzó a conocer las "delicias" del paro de entregar sus papeles y todo lo que conlleva dicha situación. Sin embargo ya está intentado ponerse en marcha sin esperar que el "papá" estado le pague un paro mensual.la "flexiibilidad" de la que habla este artículo deberia ser una norma en todos aquellos que por un motivo u otro pasamos a estar en esa situación cuando menos traumatica.hablo por experiencia no es bueno para nadie lo que está ocurriendo. Este artículo es bueno y si además quien lo escribe está teniendo esta "experiencia" para nada religiosa mas valor tiene. Un saludo Alejandro Pillado Marbella 2011


23 ene 2011

Henry Ford era un tipo listo

http://www.valenciaplaza.com/ver/18726/Henry-Ford-era-un-tipo-listo.html

Por JORDI PANIAGUA (*).
23/01/2011 "No sólo porque vendió y sigue vendiendo muchos coches. Dijo una frase que resume a la perfección uno de los axiomas económicos más importantes: "Quiero producir coches que mis trabajadores puedan comprar". No sé si había leído a Say, o representa uno de esos casos en los que la sabiduría popular del empresario nos deja a los economistas con la boca abierta..."

Henry Ford era un tipo listo. No sólo porque vendió y sigue vendiendo muchos coches. Dijo una frase que resume a la perfección uno de los axiomas económicos más importantes: "Quiero producir coches que mis trabajadores puedan comprar". No sé si había leído a Say, o representa uno de esos casos en los que la sabiduría popular del empresario nos deja a los economistas con la boca abierta. Dicen lo mismo y más claro sin el refinamiento matemático, citas interminables y términos incomprensibles para el público. Parece como si cada profesión modelara el lenguaje en su beneficio para cercar su coto. ¿Dónde quedó la propuesta para simplificar el lenguaje jurídico?).

En la célebre frase del constructor de coches se aúnan las tres condiciones que hacen posible el mercado: la oferta, la demanda y el producto. Ha sido frecuente la interpretación de la frase desde el punto de vista de la oferta y del producto: tener coches buenos y baratos para que la demanda los pueda asumir. Es en ese esfuerzo, las multinacionales han buscado las mejores localizaciones para ofrecer un producto al precio más competitivo. Pero Ford no se quedó allí. Hoy conviene interpretar su frase desde la demanda y en especial desde el mercado de trabajo. Es decir, puedo tener el coche más barato del mercado, ¿pero qué sucede si no hay trabajadores que lo puedan comprar? Se está hablando mucho de reformar el mercado de trabajo (y vamos añadiendo mercados como si nada, el financiero, el real, sólo falta el de Benicalap). El trabajo nos ha mantenido ocupados varios miles de años, y bien al alba con el canto del gallo o con una moderna radio despertador millones de sísifos despiertan cada mañana hacia el trabajo.

¿Pero qué sucede cuando no hay trabajo? Según Ford, se dejan de vender coches y la economía (y todos sus mercadillos) se resiente. ¿Qué hacemos? Hasta ahora, cuando tan sólo a unos pocos les faltaba trabajo, se le ha pagado al desempleado un subsidio para que en el tránsito de un trabajo a otro pueda ir tirando. Más llanamente, se paga por no hacer nada. Ni compras (no hay demanda), ni produces (no hay oferta). Mientras sólo sean unos pocos, no es muy grave. Pero pagar a mucha gente por no hacer nada es, como mínimo, interesante. Uno puede aprovechar el tiempo para leer "Crimen y Castigo", para formarse, para pasear en bici o para hacer aquello por lo que te pagan: nada.

Parece que en nuestro país de antiguos hidalgos tampoco está mal visto que nos paguen por nada. Sin embargo, en otras latitudes, les choca un poco más. Algunos más al norte pensaron hace algún tiempo, "démosle el dinero a Henry Ford, que parece un tipo listo". En un oxímoron vikingo, pasados un meses (tampoco vamos a ser tan severos) el desempleado puede recibir su prestación si trabaja! Es decir, el INEM paga al desempleado trabajador a través de una empresa que le contrata. El trabajador trabaja y cobra por hacer algo, el empleador emplea (gratis) y produce algo. Parece que oferta y demanda se vuelven a encontrar.

Como idea, tiene su aquel. Otra cosa es si el orden de los factores no alterará el producto. Importar una medida así al país del Lazarillo de Tormes puede que no resulte ni fácil ni cómodo. Al fin y al cabo sólo hay cuatro millones de hidalgos, la plata sigue llegando de América, el mar está en calma en el canal de la Mancha y algún día Felipe (II+IV) estará al frente de la armada. Hermosa coincidencia, a lo mejor alguien se vuelve a excusar con eso de "yo no mandé a mis naves a luchar contra los mercados".

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(*) Jordi Paniagua Soriano fue responsable de gestión del conocimiento de VCI y es profesor de econometría de la UCV.


3 ene 2011

Cómo atraer hacia Valencia la inversión extranjera

http://www.valenciaplaza.com/ver/18052/C%C3%B3mo-atraer-hacia-Valencia-la-inversi%C3%B3n-extranjera.html

JORDI PANIAGUA SORIANO (*). 03/01/2011

Recordemos la variante de la parábola de los ciegos y el elefante, relatada en este mismo diario, donde tenemos una serie de animales totalmente distintos (un gato azul, un tigre celta y un oso panda) que resultan estar encerrados juntos en la misma jaula.

Graham y Bean utilizaron esta metáfora para describir la variedad de empresas y situaciones que se encierran bajo la denominación común de inversión extranjera, planteando algunas cuestiones de respuesta incierta. ¿Qué nexo existe entre la inversión de una empresa de química japonesa y una informática china, además de ser extranjeras? Por otra parte, ¿cómo definir la inversión extranjera? ¿Cuáles son los determinantes de la inversión extranjera y qué políticas públicas son las más adecuadas para incentivarla?

Ante la diversidad de teorías existentes, casos y localizaciones concretas, el economista británico John Dunning propuso un enfoque ecléctico. Abordó el estudio de la inversión extranjera directa (IED) desde tres puntos de vista: la propiedad, la internalización y la localización. Su razonamiento es el siguiente: para que una empresa invierta en el extranjero ha de poseer una ventaja propia que la diferencie (por ejemplo la calidad o un producto novedoso). Esta empresa, ha de decidir internalizar esta ventaja: explotarla y controlarla por sí misma. Y por último, explotará la ventaja en la localización más adecuada para ello.

Voy a empezar por el principio, ¿qué es inversión extranjera? Al término inversión extranjera se le suele apostillar "directa" para distinguirla de otros tipos de inversión extranjera, por ejemplo, la compra de tesoro público (que ahora está tan de moda). Lo que diferencia la inversión extranjera directa (IED) es la voluntad de control por parte de un no residente de una actividad o activo local (parece poco probable que los inversores extranjeros, dentro de misterioso mercado del que tanto se habla, quieran controlar el Estado a través de la compra de bonos...).

Parece claro, pero este hecho hace que los determinantes de la IED y su política económica varíen sustancialmente frente a una visión más monetarista basada, en el coste y en la política fiscal. El control extranjero en la inversión también tiene implicaciones sobre el efecto que tiene la IED en la economía local. Si el inversor foráneo sólo aporta su dinero y no sus conocimientos, difícilmente se puede transferir a las empresas locales parte de este "saber hacer". El Sr. Pirelli diría que la potencia sin control no sirve de nada.

¿Cuáles son los determinantes locales de la IED? Para plantear políticas que incidan sobre la IED deberíamos en primer lugar preguntarnos cuáles son las causas motivadoras de la inversión extranjera: conociendo los factores que explican el comportamiento de la IED podríamos estar más cerca de plantear medidas que incidieran sobre la IED. Se suelen citar como determinantes principales el tamaño de mercado (PIB), la disponibilidad de recursos, el acceso al conocimiento productivo, la ausencia de barreras de entrada, los costes de producción y transferencia así como el riesgo y la seguridad política y jurídica.

¿Y en España? En una reciente investigación académica desarrollada en la Facultad de Estudios de la Empresa de la UCV, en colaboración con VCI y la UV, se han estudiado los determinantes de la inversión extranjera directa en España (y sus CC AA) en los últimos 15 años. Como principales determinantes de la IED se encuentran las oportunidades de mercado e inversión, la disponibilidad de recursos y el acceso al conocimiento productivo, en línea con trabajos anteriores en la materia.

Políticas económicas que incidan de manera positiva en estos determinantes incentivarán la entrada de IED. La mayoría de estas medidas serían horizontales, es decir, afectarán a la economía regional y a las empresas, independientemente de su procedencia. En este sentido los economistas suelen citar acciones genéricas como la formación y la educación, las infraestructuras de transporte o la I+D. También acciones como la simplificación de trámites burocráticos o el conocimiento de idiomas de la población.

Políticas fiscales a la irlandesa y de reducción de costes serían medidas que podrían tener un efecto beneficioso sobre la economía, pero ambiguo sobre la IED. La IED no es únicamente atribuible al movimiento de capitales o costes, hay que añadirle el factor control, como vimos antes. Para empresas multinacionales lo suficientemente diversificadas, la fiscalidad o costes puntuales en una región o país tendrán un efecto limitado, o se verán compensadas por su presencia en otras regiones, como nos recuerda Krugman.

En cuanto a las medidas específicas sobre la IED, se suelen mencionar la agilización de visados para técnicos y ejecutivos extranjeros. También disponer de un asesoramiento local especializado en inversión extranjera, que contribuya a disminuir la incertidumbre (y riesgo) en su inversión.

Es conveniente establecer un matiz. Estas medidas incidirían en la IED bruta y en el tipo de IED que se ha venido recibiendo hasta ahora. Los determinantes señalados para caso español parecen indicar una inversión encaminada a abastecer el mercado local, en un contenido tecnológico limitado, propiciado por una cierta sustituibilidad entre exportaciones e IED. Por lo que podríamos dar un paso más, propiciar la entrada de una IED de "calidad". Aquella doblemente beneficiosa, que aumente la productividad de la economía y de las empresas locales.

De alguna manera aquella competencia que "nos pone las pilas", que transfiere conocimientos y crea trabajos cualificados. IED con alto contenido tecnológico y exportador. Políticas económicas encaminadas a aumentar la IED de calidad vendrían marcadas por aquellas que incidieran en los incentivos a la exportación y el fomento de la I+D. Por ejemplo tareas de promoción y proyección internacional o actividades en sectores de alto valor añadido.

Todas estas medidas son a largo o medio plazo, en cierta manera genéricas y de una lenta aplicación. ¿Qué más se puede hacer? Y más en situaciones como las que estamos viviendo. Por lo pronto, echarle un poco de imaginación al asunto. Una de las medidas más sorprendentes que se ha puesto en marcha en los últimos 30 años es la emisión de Doraemon en japonés. Para quien no lo conozca, Doraemon es un gato cósmico azul con un bolsillo mágico. El ministro de Exteriores de Japón, Masahiko Komura, lo nombró recientemente embajador nipón (Associated Press, 19/03/2008). Algunas televisiones autonómicas llevan emitiendo estos y otros dibujos japoneses en versión original, con la tecnología NICAM, desde mucho antes de la aparición de la TDT, y no por casualidad.

Como tampoco lo es la presencia de colegios japoneses, franceses o alemanes en España. La IED no es sólo economía, también tiene su porción de sociología. Difícilmente se entendería la IED en Europa del Este tras la caída del muro, o el caso irlandés, sin la imbricación de redes personales de polacos o irlandeses en EEUU o Alemania. Que sutil ironía la de los dos hermanos Weber, al ver Alfred como su hermano mayor, Max, le eclipsa también en su propia disciplina (la localización empresarial).

Con esto podemos dar respuesta a la primera pregunta, ¿cuál es el nexo entre las distintas empresas inversoras? La respuesta es el territorio y las personas. Si nos hallamos en una Comunidad en la que los extranjeros quieran vivir y trabajar, la inversión foránea se facilita de manera considerable. Medidas que pongan en valor el territorio, principalmente las empresas, pero sin olvidar las personas, fomentarían la entrada no sólo de inversión monetaria o de nuevas técnicas de producción o gestión, sino también de nuevas ideas y talento, que desbordarían las fronteras de su propio ámbito, incidiendo positivamente en el resto de la sociedad.

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(*) Jordi Paniagua Soriano fue responsable de gestión del conocimiento de VCI y profesor de econometría de la UCV.

1 comentario

EMb escribió
12/01/2011 09:24

Interesante el comentario sobre colegios extranjeros en España. Como se puede explicar que, siendo España la novena economia del mundo y siendo el español el segundo idioma mas hablado, practicamente no existan colegios de enseñanza española en el extranjero?

2 dic 2010

La parábola de los ciegos y el elefante


http://www.valenciaplaza.com/ver/16730
Por JORDI PANIAGUA SORIANO.
02/12/2010 "Ahora sustituyamos ciegos por economistas, como hicieron Graham y Bean en 1992 para describir los problemas metodológicos del estudio de la inversión extranjera directa, y estaremos ante una metáfora bastante acertada sobre las discusiones económicas que estamos viviendo en estos días...

Tres personas ciegas se encuentran frente a un elefante. Cada uno de ellos empieza a palpar una parte del paquidermo para poder "ver" lo que tienen entre manos. El primero concluye que es una pared, al tocarle el torso. El segundo exclama que se trata de una serpiente, al acariciar la trompa. El tercero añade: "os equivocáis, es una lanza de marfil!". Budistas e hindús han utilizado esta parábola para describir las limitaciones humanas a la hora de describir fenómenos que escapan a nuestra comprensión. Esta fábula inspiró al autor británico del siglo XIX John Godfrey Saxe cuando escribió el poema "Los ciegos y el elefante":

It was six men of Hindustan
To learning much inclined,
Who went to see the Elephant
(Though all of them were blind),
That each by observation
Might satisfy his mind.

¿Pero qué sucedería si en vez de un elefante tuviéramos tres animales totalmente distintos encerrados en una misma jaula? Y los tres ciegos atrapados con ellos intentando averiguar cuáles son. O intentando desconcertados encontrar la salida. Completaríamos la analogía si la jaula fuera tan pequeña y los animales estuvieran tan hambrientos que el oso panda chino aplasta al tigre celta, que a su vez está devorando al gallo francés. Un ciego, al tocar la sangre del gallo dice "es un río", el segundo confunde la piel del oso con un abrigo de visón y el tercero grita "sácame de aquí", cuando nota que el zarpazo del tigre le quema la piel.

Ahora sustituyamos ciegos por economistas, como hicieron Graham y Bean en 1992 para describir los problemas metodológicos del estudio de la inversión extranjera directa, y estaremos ante una metáfora bastante acertada sobre las discusiones económicas que estamos viviendo en estos días.

Profesores, catedráticos, e incluso premios Nobel buscan razones, que siendo contradictorias o completarías, aciertan a explicar una pequeña parcela de una realidad que nos va superando y escapa a nuestra comprensión. Leemos a diario artículos salmón que nos convencen durante unas horas, hasta que el próximo sobresalto en las cotizaciones nos obliga re-pensar y re-imprimir. Unos dicen, "son los mercados". Otros gritan, "es el déficit". Rasgándose las vestiduras señalan a los especuladores, que acechan como malvados espías surgidos del frío. Sin embargo, puede que estemos ante un mamut tan grande que nadie ha podido ver en toda su dimensión. O ante animales tan distintos y desconocidos, que confunden y ciegan a los analistas económicos.

Sin embargo son precisamente los economistas los que están en contacto diario con las bestias enjauladas, como los cuidadores de los leones en un circo. Por ello, el resto de la sociedad espera sus respuestas, soluciones y recetas a los problemas. Pero la economía dista mucho de ser una ciencia médica (no he visto a ningún economista dispensar recetas, todavía). Explica razonablemente bien el pasado, pero es escurridiza con el presente (y no digamos con el futuro). Como la lechuza de Minerva emprende el vuelo cada vez que la intentamos abrazarla.

Keynesianos y liberales intentan explicar un fenómeno, que posiblemente sólo entenderán sus nietos con la perspectiva y conocimientos suficientes. El maná de las políticas keynesianas parece haberse acabado reparando las aceras. El liberalismo de Chicago ha sucumbido al igual que su oriundo Al Capone, al cual condenaron por evasión de impuestos y no por gánster.

Pero no es sólo cosa de dos, en el poema de Saxe aparecen hasta seis ciegos. Parece como si los antagonistas de Keynes hubieran sido siempre Friedman y compañía, cuando fueron precisamente su coetáneos Mises y Hayek quienes más le disputaron la supremacía intelectual de principios del siglo XX, como apunta la columna "Buttonwood". La olvidada escuela austriaca parece resurgir de sus cenizas, demasiado liberales para los keynesianos y demasiado irracionales para los liberales. La visión austriaca del ciclo económico y su asunción de la irracionalidad de los agentes en los momentos expansivos parece estar cobrando fuerza. Incluso los mercantilistas vuelven al futuro tres siglos después, pero en vez de con un DeLorean, con una escalada de devaluaciones.

¿Qué se puede hacer desde la profesión económica? ¿Cruzarnos de brazos y esperar a que aparezca un donante de córnea? En mi opinión, podemos contribuir al desarrollo de unas nuevas gafas. Investigar para conseguir alguna percepción sensorial que nos ayude al menos a intuir lo que ocurre. Como la realidad virtual que ayuda a los ciegos a conformar imágenes en el cerebro. Con enfoque ecléctico, construir nuevos procedimientos de análisis, métodos econométricos, modelos novedosos y frescos, que puedan contribuir a que de aquí a 50 ó 100 años algún doctorando en economía se pregunte "Pero si era un elefante, ¿cómo es posible que no lo hubieran visto antes?"

3 comentarios

Martina G.Gallarza escribió
02/12/2010 11:45

Magnifico artículo. Es verdad que la economía se ha convertido simultánea y paradojicamente en la ciencia más compleja y más vulgar. Todo el mundo se atreve a hablar de economía y a veces se lee x y su contrario en el mismo discurso. Apelo a la humildad y a la sencillez.

Emb escribió
02/12/2010 10:57

Ayer mismo leía, en el ultimo libro de Hawking y Mlodinow, que la única zona de nuestro campo de visión que goza de buena resolución es un área estrecha del orden de del ancho de la imagen del pulgar cuando tenemos el brazo alargado. Para el resto, nuestro cerebro procesa los datos con la hipótesis de que las propiedades visuales de los lugares contiguos son semejantes. Es decir, que el cerebro construye una imagen o modelo mental de la realidad. Excelente articulo.

lud escribió
02/12/2010 09:51

Efectivamente, la escuela austriaca explica a la perfección las crisis cíclicas, causadas siempre por el intervencionismo exagerado de lo público en la política monetaria. En España recomiendo leer a Jesús Huerta de Soto.